Algunos temas de interés de Español al Día

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Stephen Hawking ‘continuará volando como Superman’, a pesar de su muerte

La muerte del famoso físico e investigador británico, Stephen William Hawking, a la edad de 76 años, ha conmovido a la comunidad internacional. Es un gran privilegio para esta generación haber tenido la dicha de contar con un hombre tan ilustre, con su ‘mente brillante’ y con su ‘teoría del todo’, cuya sabiduría e inteligencia trascienden las más variadas esferas del universo. Un hombre muy respetado y amado, así como admirado. Alegre y agradable en todo momento como científico, profesor y ser humano. Su enfermedad lo limitaba, pero no lo derrotaba. Sólo la muerte pudo vencerlo… por el momento.
Hawking no dejó de ser un hombre polémico, especialmente en el área de la filosofía y la religión. Su concepto sobre la «creación» y «Dios» no lo alejó de las críticas. Aunque se profesó, aparentemente, agnóstico, eso no disminuye el respeto que se le merece, más aún cuando sus palabras parecen empujar para un lado y para otro, al mismo tiempo. Al final, todo hombre tiene derecho de creer lo que bien le satisfaga. Ciencia y religión se aproximan y se repelen con tanta frecuencia que las personas terminan confundiéndose, sin saber en quién creer y a quién apoyar. Es la ley del más fuerte.
La NASA hasta le ha homenajeado con un mensaje publicado en Internet:

Remembering Stephen Hawking, a renowned physicist and ambassador of science. His theories unlocked a universe of possibilities that we & the world are exploring. May you keep flying like superman in microgravity, as you said to astronauts on @Space_Station in 2014 pic.twitter.com/FeR4fd2zZ5
March 14, 2018

Hawking, continue volando por sempre. Desde aquí le rendimos nuestras honras y consuelo a sus familiares y amigos.

Hawking e sua nova noiva Elaine Mason logo cerimônia de casamento, em setembro de 1995 (Foto: Russell Boyce / Arquivo / Reuters)

Hawking y su novia, Elaine Mason, en la ceremonia de casamiento, en septiembre de 1995 (Foto: Russell Boyce / Arquivo / Reuters).

Escuche esta lista de reproducción sobre Stephen Hawking en Ivoox. http://www.ivoox.com/_bk_list_328743_1.html

Sobre arrobas, equis y términos «sexistas» – ¿Es machista el idioma español?

Las academias de letras hablan de “aberración”, pero los “@” y las “x” se cuelan cada vez más en el lenguaje cotidiano, incomodando escritores y lectores. En tiempos de revolución de las mujeres, ¿debemos cambiar la forma en la que nos comunicamos?

En su libro El segundo sexo, Simone de Beauvoir intenta explicar a qué nos referimos cuando hablamos de la mujer, y para eso indaga sobre lo que significa ser hombre: “Representa al mismo tiempo el positivo y el neutro, hasta el punto que se dice ‘los hombres’ para designar a los seres humanos, pues el singular de la palabra vir se ha asimilado al sentido general de la palabra homo».

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El segundo sexo (Le Deuxième Sexe) es un libro escrito en 1949 por Simone de Beauvoir. Fue un rotundo éxito de ventas. Su autora comenzó a escribirlo después de reflexionar sobre lo que había significado para ella el ser mujer. Investigó la situación de las mujeres a lo largo de la historia y escribió este gran ensayo. En la obra, Beauvoir aborda cómo se ha concebido a la mujer, qué situaciones vive, cómo se puede mejorar su vida y ampliar sus libertades. Clique en la imagen para bajar una copia en formato PDF.

Casi 70 años más tarde, y ante la resistencia estoica de las academias de letras, el debate sobre la discriminación a través del lenguaje se hace cada vez más presente en los centros educativos, las redacciones, los palcos en los eventos públicos y hasta en las pantallas de las computadoras cortadas por cursores titilantes. 

¿Es la lengua española sexista? ¿Debemos entonces cambiarla? ¿Cómo deben ser esos cambios? “Todo cambio cultural se refleja en la lengua, que es como un sismógrafo social”, explicó a Infobae Pedro Luis Barcia, ex presidente de la Academia de Argentina de Letras y de la Academia Nacional de Educación, y con eso todos parecen estar de acuerdo. “Pero por falta de sentido y conocimiento del sistema lingüístico se mentan mal las realidades”, aclara, sobre el uso del símbolo “@” o de la “x” en las terminaciones de los sustantivos para esquivar los masculinos y femeninos, y da el puntapié inicial para el debate.

“El uso de la arroba al final de la palabra para sugerir doble valor femenino y masculino es un mamarracho, porque la arroba no es un signo lingüístico y no puede integrar palabras (…) En cuanto al uso final de la “x”, el mismo no alude a doble punta sino a una indeterminación, pues es signo de enigma por resolver”, explicó el lingüista. Sobre el desdoblamiento de los sustantivos, el juicio es aún más categórico, en tanto “contradice una de las reglas básicas del idioma: la economía”.

Pero si las “@” y “x”, e incluso el uso de las “e” para las terminaciones son un mamarracho, y la duplicación va en contra de la economía, ¿cómo hacemos para que el género femenino y, por qué no, el resto de los géneros se sientan incluidos en ese “universal” que es el hombre?

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Gabriel García Márquez y su Google Doole

Google le ha dedicado, este día 06/03/2018, un espacio muy especial al talentoso escritor colombiano, Gabriel García Márquez en su «Google Doole».

Gabriel José de la Concordia García Márquez (Aracataca, 6 de marzo de 1927 – Ciudad de México, 17 de abril de 2014) fue un escritor, guionista, editor y periodista colombiano nacionalizado mexicano. En 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura. Fue conocido familiarmente y por sus amigos como Gabito (hipocorístico guajiro de Gabriel), o por su apócope, Gabo.

Está relacionado de manera inherente con el realismo mágico. Su obra más conocida, la novela Cien años de soledad, es considerada una de las más representativas de este movimiento literario. Incluso se considera que por el éxito de la novela es que tal término realismo mágico se aplica a la literatura surgida, a partir de los años 1960, en América Latina.

​En 2007, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española lanzaron una edición popular conmemorativa de la novela Cien años de soledad por considerarla parte de los grandes clásicos hispánicos de todos los tiempos.​ García Marques fue famoso tanto por su genialidad como escritor como por su postura política.

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Gabriel García Márquez (Foto: Wikipedia)

Escucha el audio de Cien años de soledad clicando en la siguiente dirección electrónica: http://www.ivoox.com/cien-anos-soledad-capitulo-i-audio-audios-mp3_rf_3054389_1.html

¿En qué momento la letra «f» reemplazó la «ph» en el idioma español?

Ortografía de la lengua española.

Facsímil de la primera edición de la ortografía española de la Real Academia de la Lengua.

Raphael, el famoso cantante español, se llama en realidad Rafael Martos Sánchez. Tenía 18 años cuando un día acudió a una prueba para ver si lograba grabar un vinilo con la compañía discográfica Philips. Y entonces cambió su vida…

Estaba en la sala de espera, aguardando nervioso su turno para entrar en el estudio, cuando sus ojos se posaron en un cartel publicitario de Philips. Observó el anuncio, lo volvió a observar y tomó una decisión: a partir de ese momento se cambiaría el prosaico nombre Rafael por el mucho más sofisticado de Raphael.

El caso es que superó la prueba, grabó con Philips su primer disco y comenzó ahí su escalada hacia la fama.

Lo que Raphael probablemente no sabía entonces es que, al elegir cambiar la ‘f’ de su nombre por “ph”, en realidad no estaba siendo moderno, sino profundamente anticuado. Por no decir directamente arcaico, absolutamente anacrónico.

Una historia de romanos

Hasta el siglo XIX en la lengua española el sonido “f” no se conseguía sólo con esa letra. Había también una secuencia de dos letras (lo que se conoce en lingüística como dígrafo) que producía exactamente el mismo sonido obstruyente, fricativo labiodental y sordo que la consonante “f”: la grafía “ph”.

Y aunque ambas se pronunciaban de igual modo, “f” y “ph” convivían tan tranquilas en la lengua española.

La historia viene de lejos. Concretamente, de la época de los romanos, quienes adquirieron la costumbre de escribir con “ph” las palabras de origen griego y con ‘f’ las palabras de su lengua materna. Y esa costumbre no sólo se traspasó al castellano, lengua que al fin y al cabo procede del latín, sino que se mantuvo hasta nada menos que 1803.

Raphael, cantante español

El cantante español Raphael quizás creyó estar siendo moderno. Estaba siendo anacrónico.

Así, hace dos siglos y medio lo que hoy es fantasía era phantasía. Los faraones del antiguo Egipto eran pharaones. La falange del dedo se escribía phalange. La farmacopea, el arte de preparar los fármacos, aparecía en los manuales u textos como pharmacopea. Los farmacéuticos eran pharmacéuticos, y obviamente atendían a sus clientes no es una farmacia sino en una pharmacia.

Y frases como esta eran en realidad phrases.

En 1753 salían libros con títulos como “Índice de la Philosofia Moral”, de Antonio Codirniú. Y antes aún en 1596, Alonso López Pinciano ya escribía su “Philosofía antigua poética”.

De ortographia a ortografía

Pero la prueba definitiva del poder del dígrafo ‘ph’ es que la primera ortografía que publicó en 1741 la Academia de la Lengua Española, a los 28 años de su creación, se titulaba nada menos que “Ortographia Española”.

“La segunda edición de esa manual es de 1754 y ya entonces sí que iba sin ‘ph’, se llamaba “Ortografía de la lengua castellana”, nos cuenta Lola Pons Rodríguez, profesora titular de Lengua Española de la Universidad de Sevilla y autora de “Una lengua muy larga, un libro delicioso que contiene cien historias curiosas sobre el español y donde no falta un capítulo dedicado al dígrafo “ph”.

Fue en esa segunda edición de la “Ortografía de la lengua castellana”, concretamente en su página 63, donde se le asestó la primera puñalada a la grafía “ph”.

“La Ph que tienen algunas voces tomadas del Hebreo, ó del Griego, se debe omitir en Castellano, sustituyéndose en su lugar la F que tiene la misma pronunciación, y es una de las letras propias de nuestra Lengua, á excepción de algunos nombres propios, ó facultativos, en que hay uso común y constante de escribirlos con la Ph de su origen, como Pharaon, Joseph, Pharmacopea”, sentenciaba textualmente la Academia.

Palabras antiguas

La defunción definitiva y final del dígrafo “ph” tuvo lugar 49 años después, en 1804, cuando en la cuarta edición del Diccionario de la Real Academia Española (RAE) se optó por asesinarlo completamente y que fuera sustituido en todos los casos por la letra ‘f’.

Según se justificaba entonces la Real Academia de la lengua Española, el dígrafo ph “se expresa igualmente con la f, por cuyo motivo se han colocado en esta última letra las palabras phalange, phalangio, pharmecútico, pharmacia, phármaco, pharmacopea, pharmacópola, pharmacopólico, pharse y philancia”.

La decisión que tomó a principios del siglo XIX la RAE fue coherente con otras eliminaciones. Otras grafías dobles como ‘th’, que se empleaba en palabras como teatro, o ‘rh’, que se usaba por ejemplo en al vocablo rheuma, ya habían sido eliminadas a finales del siglo XVIII. Fue el criterio fonético lo que guió esas reformas académicas”, finaliza Lola Pons Rodríguez.

¿Lo sabría Raphael cuando decidió rebautizarse con ese nombre que incluye un dígrafo que no se emplea en la lengua española desde hace 213 años? Eso aún sigue siendo un misterio…

Tomado de BBC Mundo

Publicaciones de la Asociación de la Lengua Española – ASALE

 

Boletines ASALE
Boletines de la Asociación de la Lengua Española disponibles para el público (http://www.asale.org/publicaciones)

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El árbol de los idiomas

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Nosotros ya hemos encontrado una ausencia importante: el euskera. La razón, según, Ethnologue es que el idioma autóctono del País Vasco es una lengua aislada que no pertenece al tronco indoeuropeo ni urálico. ¿Habéis encontrado otras? En este enlace, Minna Sundberg ofrece una versión impresa de la infografía a un precio de 15 dólares. [Mentalfloss vía Cool Infographics]
  • América del Norte: álgicas, alseanass, caddoanas, chimakuanas, chinook, chumash, comecrudanas, esquimo-aleutianas, iroquesas, kalapuya, keresanas, kiowa-tañoanas, maidu, muskogeanas, na-dené, penutí de la meseta, pomoanas, salish, shastan, siux, uti, uto-aztecas, wakash, wintu, yokuts y yuma-cochimíes.
  • México y América Central: álgicas, chibchas, comecrudas, guaicuras, jicaque, lenca, mayas, misumalpas, mixe-zoqueanas, na-dené , otomangues, tequistlatecas, totonacanas, uto-aztecas, xinca y yumano-cochimíes.
  • América del Sur: arauanas, arawak, aymaras, barbacoanas, caribes, chapacura-wanham, chibchas, chocó, chon, guahibanas, jívaro, macro-gê, makú, mascoianas, mataco-guaicurú, múra, nambicuaranas, pano-takananas, quechuas, salibanas, tucanoanas, tupíes, witoto, yanomam, zamucoanas y záparo.

De: Carlos Zahumenszky

«Carlos Zahumenszky». [s. f.]. Gizmodo en Español <http://kinja.com/carloszahumenszky> [Accedido: 9 de octubre de 2017].

El diccionario de la lengua española y la mujer

Can Fashion Be Feminist? | InStyle

Foto: https://graziamagazine.com

Haga usted un experimento: busque una palabra no solamente en un diccionario, sino en muchos distintos. Lo que hallará lo sorprenderá.

Yo mismo lo hice hace poco. Le seguí la pista a la palabra mujer, que — no hace falta decir — está sobrecargada de significado. Desarrollé este experimento en orden regresivo, del diccionario más usado en la actualidad al más polvoriento.

Primero fui al Diccionario de la lengua española, que es algo así como un instrumento evangelizador en el mundo hispánico. La edición a la que acudí es de 2001. Dice, entre otras cosas, que mujer es una “persona del sexo femenino”.

Hoy esta definición parecerá sensata a la mayor parte de los usuarios. Se ajusta más o menos a los lineamientos culturales de nuestra sociedad. Pero hay quien se siente incómodo y tengo prueba de ello. Hace unos días se la mostré a un grupo de estudiantes de entre 18 a 22 años. Casi todos estaban inconformes.

Propusieron una definición alternativa: “Persona que por sí misma se identifica con el sexo femenino”. Argumentaron que en el presente entendemos la sexualidad como un atributo biológico y también como una dimensión cultural. Uno no nace mujer sino que se hace o elige serlo. Es decir, el sexo es una construcción social. Las personas transgéneros optan por pertenecer a un sexo u otro.

Esa actitud es muestra de cómo los diccionarios están atrapados irremediablemente en su época. En sus páginas cabe toda la lengua. Vamos a ellos en busca de exactitud. Pero la exactitud de ahora es la inexactitud de mañana. Las expresiones que nos ofrecen son de quienes las hacen y, como anunciaba José Ortega y Gasset, cada uno de nosotros es en sí mismo y en su circunstancia. No es improbable que en la próxima edición del DLE se introduzcan cambios, no importa cuán sutiles sean.

Mi aventura me llevó a otros diccionarios. El Breve diccionario crítico etimológico del español (edición revisada de 1991), de Joan Corominas, dice que mujer viene del latín mulier y da estos derivados: mujercilla, mujerzuela, mujeriego, mujerío, mujerona y mujeruca. La lista da miedo.

María Moliner, una de mis heroínas (por cierto, esta palabra está en vías de extinción) que hasta donde entiendo es la única mujer que por cuenta propia se ha encargado de compilar un diccionario entero (salió en 1962) en castellano, y cuyo interés estaba en los usos que hacemos de las palabras, dice, otra vez entre otras cosas, que ¡Mujer! (Moliner envuelve la palabra entre signos de puntuación) es un “vocativo empleado en exclamaciones en lenguaje familiar, dirigiéndose a niñas o mujeres a las que no se les trata con respeto”. Da varios ejemplos, entre ellos: “¡Mujer… qué cosas dices (ve con más cuidado, … no digas esas cosas, … no quería decir eso, …  Acompáñame a casa)!”.

Moliner empezó a recopilar palabras en la segunda mitad de los cuarenta, un par de décadas antes de la así llamada “segunda ola feminista”. Ya para entonces ella compartía algunos de los manifiestos de esa ola. Su amigo Dámaso Alonso la impulsó a convertir su pasión en un libro que fuera útil a los demás. Ella silenciosamente insertó en sus definiciones un rechazo a las normas aceptadas de su contexto. Lo hizo sin propuestas aparatosas. Así, poco a poco y desde la sombra, es como trabajan los lexicógrafos. Su impacto es enorme porque establece los parámetros del conocimiento.

Hoy el de Moliner se conoce como Diccionario de uso del español. La edición que tengo en mi biblioteca personal ofrece una lista de variantes del empleo de la palabra mujer. Por ejemplo, “mujer de la calle”, “mujer pública”, “mujer fatal”, “mujer objeto” y “de mujer a mujer”. Estas variantes dan muestra de la dosis de subjetividad que inyectamos en la palabra. Reconocer su veracidad es comprobar que hay pocas palabras neutrales.

Seguí luego en mi búsqueda con el Diccionario de autoridades, que fue hecho entre 1726 y 1739. Este lexicón sirvió de base en la redacción del Diccionario de la Lengua Española. El de Autoridades anuncia que muger (hasta el siglo XIX la palabra se escribía con g) “se entiende regularmente a la que está casada con relación al marido”.

Dice que muger de la casa es “la que tiene gobierno y disposición para mandar y ejecutar las cosas que le pertenecen y cuida de su hacienda y familia con mucha exactitud y diligencia”. El mensaje es inconfundible: la mujer es esposa y regente doméstica.

De allí, lo que encontré fue, como decía Cantinflas, “de mal en pior”. El primer diccionario importante en nuestra lengua es el Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias, que fue auspiciado por el Santo Oficio de la Inquisición y apareció en 1611. Esta es una fecha relevante porque está entre la aparición de la primera y la segunda parte del Quijote, la obra cumbre de la hispanidad renacentista.

Allí hallé un párrafo largo y laberíntico que no alcanza a compactarse. Entre otras cosas — y aunque usted no lo crea — dice que muger es “tormento de la casa, naufragio del hombre, embarazo del sosiego, cautiverio de la vida, daño continuo, disfrazado veneno y mal necesario”.

Más que una definición, la de Covarrubias es un exabrupto misógino. Claro que en su época la actitud general ante las mujeres era la de verlas y tratarlas como seres inferiores. Hacia 1680, unos setenta años después, sor Juana Inés de La Cruz, la monja poeta, escribía en México sobre los “hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”.

Mi experimento fue a la vez asombroso y revelador. Los diccionarios son depósitos de la memoria colectiva. Un recorrido a través de ellos es un viaje en el tiempo. Sirve para percatarse de que las palabras que usamos a diario son más que meros vocablos. Guardan secretos históricos. Este ir y venir me hizo pensar en la “Oda al diccionario” de Pablo Neruda, acaso uno de los poemas más hermosos que conozco:

Diccionario, no eres tumba, sepulcro, féretro, túmulo, mausoleo, sino preservación, fuego escondido, plantación de rubíes, perpetuidad viviente de la esencia, granero del idioma.

Tomado de: 

¿Por qué «México» se escribe con «x» si se pronuncia con «j»?

Por más que Donald Trump se empeñe en decir que México [Méksiko] pagará de su bolsillo el muro que él mismo prometió construir, hay que aconsejarle algo: se pronuncia [Méxiko], con una fricativa velar sorda — cuyo fonema es /x/ —.

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Esto puede llevar a confusión, así que conviene explicarlo brevemente: en el Alfabeto Fonético Internacional  se representan con el fonema /x/ los sonidos que en castellano escribimos con la letra ante a, e, i, o, u y con g ante e, i. 

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Extraído de Quilis (1985).

También podríamos seguir la representación de fonemas que sigue la Real Academia Española para sus obras (DLEOLE 2010NGLE), de tal forma que la grafía j se representaría con el fonema /j/, y no con /x/. Aclarado esto, es preciso explicar por qué se escribe México en lugar de Méjico, o Texas en lugar de Tejas.

Según queda recogido en la Ortografía de la lengua española(2010), «hasta principios del siglo XIX, el fonema /j/ podía ser también representado en español por la letra x» (p. 109). Sin embargo, en la octava edición de la Ortografía de la lengua castellana (1815) se decidió eliminar el uso de la letra x como representación del fonema /j/ — o /x/, según el AFI —. De esta manera, solo las letras g (ante e, i) y  j (ante todas las vocales) representarían el sonido fricativo velar sordo. 

Ahora bien, en la Ortografía de la lengua española (2010) se señala lo siguiente:

[…] Quedan algunos restos del antiguo valor de la x como representante del fonema /j/ en ciertos topónimos y antropónimos que mantienen una grafía arcaica, como México, Oaxaca o Texas […]. No debe olvidarse que la pronunciación correcta que corresponde hoy a la x en todos estos casos es /j/ ([méjiko], [oajáka], [téjas], [jiména], [mejía], etc.) (p. 109).

También es posible adaptar estos topónimos y antropónimos que conservan la a la ortografía actual, de tal modo que los escribamos así: Méjico, Tejas u Oajaca. Los derivados de estos nombres también pueden escribirse con x o j — mexicano o mejicanooaxaqueño u oajaqueño o texano y tejano —.

Ahora bien, cabe insistir en que la grafía de estos términos no tiene por qué incidir en su fonética, por más que en inglés digan [méksiko] en lugar de [méjiko] (o [méxiko]).

Con la pronunciación de México como [méksiko] — o para entendernos, como lo pronunciaría un anglohablante — estamos partiendo del plano escrito al plano oral, cuando por lo general es al revés: las lenguas se hablan, tienen una oralidad, y a partir de ahí se pasa al plano escrito — buena prueba de ello es que hay lenguas que no tienen escritura, llamadas lenguas ágrafas.

Foto de capa: Julio Lopez, disponible en: https://unsplash.com

Referencias:

 

 

Al final de cuentas, ¿es español o castellano?

Senda confusión esta que crea nuestra maravillosa lengua cervantina. Especialmente para los extranjeros, aún persiste la duda por el uso de los términos español y castellano.

Kotodama: ¿Español o castellano?

Es frecuente que al preguntar por el nombre de la lengua de los hispanohablantes obtengamos dos respuestas: castellano y español. Haga la prueba. Por lo general, empleamos ambos indistintamente; sin embargo, si atendemos a su origen, podemos afirmar que entre estos dos términos existe alguna diferencia.

Como sabemos, nuestra lengua tiene su origen en el latín vulgar, implantado en la península ibérica (actual España y Portugal) desde el siglo III a. C. y que hacia el siglo VII se irá fragmentando hasta dar lugar a las llamadas lenguas romances: castellano, catalán, gallego, portugués, ente otras.

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