¿En qué momento la letra «f» reemplazó la «ph» en el idioma español?

Ortografía de la lengua española.

Facsímil de la primera edición de la ortografía española de la Real Academia de la Lengua.

Raphael, el famoso cantante español, se llama en realidad Rafael Martos Sánchez. Tenía 18 años cuando un día acudió a una prueba para ver si lograba grabar un vinilo con la compañía discográfica Philips. Y entonces cambió su vida…

Estaba en la sala de espera, aguardando nervioso su turno para entrar en el estudio, cuando sus ojos se posaron en un cartel publicitario de Philips. Observó el anuncio, lo volvió a observar y tomó una decisión: a partir de ese momento se cambiaría el prosaico nombre Rafael por el mucho más sofisticado de Raphael.

El caso es que superó la prueba, grabó con Philips su primer disco y comenzó ahí su escalada hacia la fama.

Lo que Raphael probablemente no sabía entonces es que, al elegir cambiar la ‘f’ de su nombre por “ph”, en realidad no estaba siendo moderno, sino profundamente anticuado. Por no decir directamente arcaico, absolutamente anacrónico.

Una historia de romanos

Hasta el siglo XIX en la lengua española el sonido “f” no se conseguía sólo con esa letra. Había también una secuencia de dos letras (lo que se conoce en lingüística como dígrafo) que producía exactamente el mismo sonido obstruyente, fricativo labiodental y sordo que la consonante “f”: la grafía “ph”.

Y aunque ambas se pronunciaban de igual modo, “f” y “ph” convivían tan tranquilas en la lengua española.

La historia viene de lejos. Concretamente, de la época de los romanos, quienes adquirieron la costumbre de escribir con “ph” las palabras de origen griego y con ‘f’ las palabras de su lengua materna. Y esa costumbre no sólo se traspasó al castellano, lengua que al fin y al cabo procede del latín, sino que se mantuvo hasta nada menos que 1803.

Raphael, cantante español

El cantante español Raphael quizás creyó estar siendo moderno. Estaba siendo anacrónico.

Así, hace dos siglos y medio lo que hoy es fantasía era phantasía. Los faraones del antiguo Egipto eran pharaones. La falange del dedo se escribía phalange. La farmacopea, el arte de preparar los fármacos, aparecía en los manuales u textos como pharmacopea. Los farmacéuticos eran pharmacéuticos, y obviamente atendían a sus clientes no es una farmacia sino en una pharmacia.

Y frases como esta eran en realidad phrases.

En 1753 salían libros con títulos como “Índice de la Philosofia Moral”, de Antonio Codirniú. Y antes aún en 1596, Alonso López Pinciano ya escribía su “Philosofía antigua poética”.

De ortographia a ortografía

Pero la prueba definitiva del poder del dígrafo ‘ph’ es que la primera ortografía que publicó en 1741 la Academia de la Lengua Española, a los 28 años de su creación, se titulaba nada menos que “Ortographia Española”.

“La segunda edición de esa manual es de 1754 y ya entonces sí que iba sin ‘ph’, se llamaba “Ortografía de la lengua castellana”, nos cuenta Lola Pons Rodríguez, profesora titular de Lengua Española de la Universidad de Sevilla y autora de “Una lengua muy larga, un libro delicioso que contiene cien historias curiosas sobre el español y donde no falta un capítulo dedicado al dígrafo “ph”.

Fue en esa segunda edición de la “Ortografía de la lengua castellana”, concretamente en su página 63, donde se le asestó la primera puñalada a la grafía “ph”.

“La Ph que tienen algunas voces tomadas del Hebreo, ó del Griego, se debe omitir en Castellano, sustituyéndose en su lugar la F que tiene la misma pronunciación, y es una de las letras propias de nuestra Lengua, á excepción de algunos nombres propios, ó facultativos, en que hay uso común y constante de escribirlos con la Ph de su origen, como Pharaon, Joseph, Pharmacopea”, sentenciaba textualmente la Academia.

Palabras antiguas

La defunción definitiva y final del dígrafo “ph” tuvo lugar 49 años después, en 1804, cuando en la cuarta edición del Diccionario de la Real Academia Española (RAE) se optó por asesinarlo completamente y que fuera sustituido en todos los casos por la letra ‘f’.

Según se justificaba entonces la Real Academia de la lengua Española, el dígrafo ph “se expresa igualmente con la f, por cuyo motivo se han colocado en esta última letra las palabras phalange, phalangio, pharmecútico, pharmacia, phármaco, pharmacopea, pharmacópola, pharmacopólico, pharse y philancia”.

La decisión que tomó a principios del siglo XIX la RAE fue coherente con otras eliminaciones. Otras grafías dobles como ‘th’, que se empleaba en palabras como teatro, o ‘rh’, que se usaba por ejemplo en al vocablo rheuma, ya habían sido eliminadas a finales del siglo XVIII. Fue el criterio fonético lo que guió esas reformas académicas”, finaliza Lola Pons Rodríguez.

¿Lo sabría Raphael cuando decidió rebautizarse con ese nombre que incluye un dígrafo que no se emplea en la lengua española desde hace 213 años? Eso aún sigue siendo un misterio…

Tomado de BBC Mundo

Publicaciones de la Asociación de la Lengua Española – ASALE

 

Boletines ASALE
Boletines de la Asociación de la Lengua Española disponibles para el público (http://www.asale.org/publicaciones)

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Enclave RAE, plataforma de la Real Academia Española

La Real Academia Española diponiblilizó, a partir de febrero de 2018, su nueva plataforma de servicios lingüísticos, Enclave RAE.

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Enclave RAE es el territorio de las palabras, el lugar donde la RAE pone a disposición del usuario los recursos lingüísticos que ha atesorado, en sus trescientos años de existencia, alrededor de las palabras: sus definiciones, su ortografía, los cambios que han sufrido a lo largo de los siglos e, incluso, el uso que se ha hecho de ellas en diferentes contextos.

Sobre la base de estos recursos, la plataforma ofrece a la industria contenidos lingüísticos para que desarrolle aplicaciones y servicios, material para que el docente prepare sus secuencias educativas y herramientas indispensables en el quehacer diario de los profesionales de cualquier sector de actividad.

Enclave RAE quiere ayudar al usuario a entender la lengua española, a conocer cómo se ha utilizado a lo largo del tiempo y, sobre todo, a utilizarla correctamente tanto en su expresión oral como escrita. Esta primera versión incluye para ello herramientas inéditas y únicas —que irán aumentando—, desarrolladas íntegramente por la Real Academia Española.

Algunos ejemplos:

  • La «Ficha de la palabra» facilita un resumen rápido de la información que esconde tras de sí cualquier palabra del diccionario académico (DLE): significado, ejemplos de uso, primera aparición en las bases de datos institucionales, palabras con las que se utiliza habitualmente, frecuencia de uso a través de los siglos, etc.
  • El «Diccionario avanzado» permite obtener listas de palabras sobre un escenario acotado previamente por el usuario mediante un sistema de filtros: palabras de uso común en un país determinado, que están relacionadas con temas o ámbitos específicos, que se caracterizan por su categoría gramatical, que tienen su raíz en una determinada lengua, etc. También permite hacer búsquedas inversas, es decir, encontrar una palabra partiendo de algún término de su definición.
  • «Diccionarios». Todos los diccionarios de la RAE al alcance del usuario en un único lugar, incluyendo el Diccionario del estudiante, inédito en versión digital consultable en línea.
  • La sección «Gramática» ofrece una aplicación sencilla e intuitiva que permite al usuario navegar a través de la Nueva gramática de la lengua española y encontrar fácilmente los epígrafes, párrafos y contextos en los que se tratan los diferentes conceptos, términos o construcciones.
  • El bloque «Corpus» permite obtener —mediante búsquedas acotadas y dirigidas a través de un sistema de filtros— ejemplos de uso de palabras en diferentes contextos, listas de frecuencias de uso por países, intervalos temporales, soportes, etc.
  • «Aula RAE» es un espacio de trabajo donde los profesionales de la enseñanza tienen a su disposición material didáctico para preparar sesiones educativas: resúmenes, esquemas, definiciones y ejercicios. Cuenta, además, con un sistema de almacenamiento —«Mi RAE»— dotado con avanzadas utilidades para la explotación de estos contenidos en clase.
  • En la sección «Taller lingüístico» se pone a disposición del usuario facilidades y herramientas que le ayudarán a escribir correctamente, a analizar textos o a conjugar verbos.
  • La sección de «Consultas lingüísticas» resuelve de forma automática dudas sobre el uso correcto del español, ofreciendo además información acerca de las cuestiones de carácter gramatical, ortográfico o léxico que la comunidad hispanohablante ha venido planteando a la RAE a lo largo de los últimos veinte años.

Enclave RAE está dirigida tanto a usuarios particulares como a profesionales y empresas. El usuario puede hacer una suscripción anual, con un período de prueba gratuito de siete días.

Enclave RAE, donde las palabras y las personas se encuentran: https://enclave.rae.es

Saga

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Star Wars (La guerra de las galaxias) es una conocida saga cinematográfica, literaria, de cómics

Una saga es, en rigor, un relato en prosa y normalmente de cierto carácter épico sobre la antigua historia escandinava y germánica, y más específicamente de Islandia. El término viene del noruego saga, que significa ‘relato, narración’, y está emparentado etimológicamente con el inglés say y el alemán sagen[1].

Las sagas más conocidas son las que relatan las vidas de héroes y sus familias y de personajes mitológicos, y a ellas se refiere la primera acepción del DRAE:

Cada una de las leyendas poéticas contenidas en su mayor parte en las dos colecciones de primitivas tradiciones heroicas y mitológicas de la antigua Escandinavia.

Por extensión, la palabra saga también se aplica a otros relatos que narran la vida de dos o más generaciones de familias (recogido en el DRAE en su segunda acepción), familias o dinastías familiares (sentido recogido en el Clave y el DEA) e historias largas y complicadas (recogido en el DEA). Según el Clave, el uso de saga en los sentidos de ‘familia’ o ‘relato sobre una familia’ es incorrecto para designar grupos de personas no emparentadas.

También se está aplicando este nombre de modo figurado a series de novelas o cuentos, de televisión, de cine o de videojuegos que por su extensión, por la elaboración de la trama, por crear mundos fabulosos y que no son reales o por su carácter épico, comparten características que generalmente se asocian a las sagas.

Hay quienes recomiendan no emplearlo con este último sentido, ya que no tiene ese significado concreto y preciso en el DRAE (el más parecido es el de la acepción dos, pero distaría mucho de lo que se expresa). El intercambio pudo surgir del deseo de intentar diferenciar los distintos tipos de serie o «glorificar» los que no se refieren a serie de televisión.

La Fundéu no lo considera incorrecto[2].

Tomado de Wikilengua. Adaptado

  1. Enciclopaedia Britannica, «Literature, Art of», edición de 1990
  2. saga amplía sus significados

¿Por qué «México» se escribe con «x» si se pronuncia con «j»?

Por más que Donald Trump se empeñe en decir que México [Méksiko] pagará de su bolsillo el muro que él mismo prometió construir, hay que aconsejarle algo: se pronuncia [Méxiko], con una fricativa velar sorda — cuyo fonema es /x/ —.

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Esto puede llevar a confusión, así que conviene explicarlo brevemente: en el Alfabeto Fonético Internacional  se representan con el fonema /x/ los sonidos que en castellano escribimos con la letra ante a, e, i, o, u y con g ante e, i. 

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Extraído de Quilis (1985).

También podríamos seguir la representación de fonemas que sigue la Real Academia Española para sus obras (DLEOLE 2010NGLE), de tal forma que la grafía j se representaría con el fonema /j/, y no con /x/. Aclarado esto, es preciso explicar por qué se escribe México en lugar de Méjico, o Texas en lugar de Tejas.

Según queda recogido en la Ortografía de la lengua española(2010), «hasta principios del siglo XIX, el fonema /j/ podía ser también representado en español por la letra x» (p. 109). Sin embargo, en la octava edición de la Ortografía de la lengua castellana (1815) se decidió eliminar el uso de la letra x como representación del fonema /j/ — o /x/, según el AFI —. De esta manera, solo las letras g (ante e, i) y  j (ante todas las vocales) representarían el sonido fricativo velar sordo. 

Ahora bien, en la Ortografía de la lengua española (2010) se señala lo siguiente:

[…] Quedan algunos restos del antiguo valor de la x como representante del fonema /j/ en ciertos topónimos y antropónimos que mantienen una grafía arcaica, como México, Oaxaca o Texas […]. No debe olvidarse que la pronunciación correcta que corresponde hoy a la x en todos estos casos es /j/ ([méjiko], [oajáka], [téjas], [jiména], [mejía], etc.) (p. 109).

También es posible adaptar estos topónimos y antropónimos que conservan la a la ortografía actual, de tal modo que los escribamos así: Méjico, Tejas u Oajaca. Los derivados de estos nombres también pueden escribirse con x o j — mexicano o mejicanooaxaqueño u oajaqueño o texano y tejano —.

Ahora bien, cabe insistir en que la grafía de estos términos no tiene por qué incidir en su fonética, por más que en inglés digan [méksiko] en lugar de [méjiko] (o [méxiko]).

Con la pronunciación de México como [méksiko] — o para entendernos, como lo pronunciaría un anglohablante — estamos partiendo del plano escrito al plano oral, cuando por lo general es al revés: las lenguas se hablan, tienen una oralidad, y a partir de ahí se pasa al plano escrito — buena prueba de ello es que hay lenguas que no tienen escritura, llamadas lenguas ágrafas.

Foto de capa: Julio Lopez, disponible en: https://unsplash.com

Referencias:

 

 

La sílaba, los diptongos, triptongos y hiatos

Debemos distinguir vocales abiertas (a, e, o) y cerradas (i, u).

Diptongo: secuencia de dos vocales que se pronuncian en la misma sílaba. Pueden estar constituidos por las siguientes combinaciones.

  1. Vocal abierta (/a/, /e/, /o/) precedida o seguida de una vocal cerrada átona (/i/, /u/): anciano, pienso, voy, suelo, antiguo, aire, boina…
  2. Dos vocales cerradas distintas: ciudad, lingüística.

Triptongo: secuencia de tres vocales pronunciadas dentro de una misma sílaba. En español tiene que estar formado de la siguiente manera: vocal cerrada -vocal abierta – vocal cerrada (estudiáis, ampliáis).

Hiato: secuencia de dos vocales que se pronuncian en sílabas distintas. Pueden tener las siguientes combinaciones.

  1. Vocal cerrada tónica, seguida o precedida de una vocal abierta: po-dí-a, rí-o, des-ví-e, pú-a, ra-íz, ta-húr, fe-ú-cho.
  2. Dos vocales abiertas: ca-er, a-ho-go, ro-er, te-a-tro.
  3. Dos vocales iguales: al-ba-ha-ca; re-e-le-gir, lo-or.

R.A.E. Ortografía de la lengua española. Madrid. Espasa. 2010. Págs. 197 a 199.

Adaptado, a través de La sílaba. Segunda parte. Diptongos, triptongos e hiatos. — lasletrasmolan

Errores típicos al escribir un libro

Errores al escribir

Si el otro día pensaba en esos lectores que también son escritores, hoy lo vuelvo a hacer. Os traigo una serie de errores típicos al escribir un libro que quien más y quien menos ha cometido alguna vez. ¿Estáis de acuerdo con ellos? ¿Pondríais algunos más?

Vamos a enumerarlos:

  1. Los detalles y la excesiva adjetivación es lo que más abunda en muchos textos literarios. ¡Error! Para hacer una lectura agradable, sencilla y amena, debes poner los detalles precisos y no cargar el texto en exceso de ellos. Estos solo consiguen aburrir al lector y que cada vez se sienta más perdido en tu lectura.
  2. No te pones en la piel del lector. Cuando escribimos, debemos hacerlo suponiendo, además de que nos guste a nosotros mismos, que le guste a nuestros lectores. Por ello, antes de empezar, te recomendamos que selecciones el público al que quieres dirigir tu obra (público infantil, juvenil, lectores de novela erótica, apasionados de la historia, mujeres, etc.) y creer en todo momento, si lo que estamos escribiendo le gustaría a ese público seleccionado. Así te asegurarás de que en caso de que lo autopubliques o te lo publiquen, tengas éxito.
  3. No dejes finales abiertos. A veces están bien, pero la verdad es que es realmente “cruel” escribir una novela realmente buena que nos deje expectantes hasta el final para encontrarnos que este es abierto a la imaginación de cada uno. Estos finales no suelen gustar.
  4. Un diálogo mal hecho. Los diálogos entre personajes es de lo que más atormenta a los escritores. Muchos son demasiado ficticios y no tienen nada de naturalidad. Otros, sin embargo, son demasiado simples y no tienen demasiada consecuencia ni efecto en el resto del libro. Cuando hagas un diálogo, dedícale tiempo y léelo tantas veces haga falta antes de continuar tu libro.
  5. Expresiones que estamos hartos de oír. Muchas veces escribimos coletillas o expresiones que todos escuchamos y leemos en uno y otro lado. No las utilices, y si lo haces, que sea rara vez. Suelen cansar al lector.
  6. No escribas un final más que evidente desde la primera página de su lectura. Los finales que se intuyen desde las primeras páginas del libro hacen que el resto sea demasiado aburrido porque no dejas nada a la imaginación del lector, y de estos, por desgracia, abundan…

Podría poner alguno que otro más, pero no voy a ser la típica redactora pedante (los narradores pedantes también suelen ser bastante tediosos de leer) y os dejo con estos seis. ¿Creéis que me equivoco con ellos o, por el contrario, estáis de acuerdo?

De:    Carmen Guillén

Tomado de: Surhone, Lambert M., Mariam T. Tennoe, y Susan F. Henssonow (eds.). 2010. WordPress.com (Betascript Publishing) [Accedido: 29 de marzo de 2017]. Adaptado.

Vea también:

ISAVA, Eleazar J. 2014. «La ortografía de las redes sociales en la mira de los lingüistas», Español al Día <https://espanolaldia.wordpress.com/2014/09/13/la-ortografia-de-las-redes-sociales-en-la-mira-de-los-linguistas/>

ISAVA, Eleazar J. 2013. «Manual ortográfico para escribir correctamente en Internet», Español al Día <https://espanolaldia.wordpress.com/2013/10/06/manual-ortografico-para-escribir-en-internet/>

«Populismo» es la palabra del año

Populismo es la palabra del año 2016, según la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia EFE y BBVA.

Um político populista discursando para uma multidão com os braços levantados e agitando a multidão

Por cuarto año consecutivo, la Fundéu BBVA ha dado a conocer su palabra del año, elegida entre aquellos términos que han marcado la actualidad informativa de 2016 y tienen, además, interés desde el punto de vista lingüístico.

Tras elegir escrache en 2013, selfi en 2014 y refugiado en 2015, el equipo de la Fundación ha optado en esta ocasión por populismo, una palabra originalmente neutra, pero que se ha ido cargando de connotaciones hasta convertirse en un arma en el debate político.

«Parecía claro que en un año tan político como este, con acontecimientos de importancia global como el brexit, la victoria electoral de Donald Trump y los diferentes procesos electorales y plebiscitarios en América y España, la palabra del año de Fundéu tenía que venir de ese ámbito», explica el coordinador general de la Fundación, Javier Lascuráin.

De hecho, varias de las doce candidatas que se anunciaron hace unos días estaban relacionadas con la política: sorpaso, abstenciocracia, posverdad y la ganadora, populismo. Seguir leyendo ««Populismo» es la palabra del año»

¿Por qué algunos países de América Latina usan el ‘vos’ en vez del ‘tú’?

Algunos países hablan de tú, otros de ‘vos’ y otros usan los dos. Pero, ¿dónde y por qué? BBC Mundo consultó a especialistas.See it on Scoop.it, via Todoele – ELE en los medios de comunicación

a través de ¿Por qué algunos países de América Latina usan el ‘vos’ en vez del ‘tú’? — Todoele – ELE en los medios de comunicación | Scoop.it

La confusión por el uso del término «presidenta» en Brasil

Escuche el audio

En Brasil existe una fervorosa confusión por el uso del término «presidenta», aplicado a la líder de la nación, Dilma Rousseff. Claro, este enredo tiene que ver con la estructura gramatical del idioma portugués. Pero ¿será que este malentendido aplica también al idioma español? ¿Será correcto emplear el término femenino «presidenta», o debe siempre usarse el género masculino «presidente» para ambos sexos?

Presidenta
Dilma Rousseff, en el parlamento brasileño, defendiéndose del proceso de suspensión de su mandato presidencial (Foto: http://www.senado.gov.br)

Transcribimos aquí la opinión de la Real Academia de la Lengua Española.

Circula por internet un documento que aduce una serie de razones pseudogramaticales para censurar el uso de femeninos como presidenta. La parte fundamental de la explicación dice:

El participio activo del verbo atacar es «atacante»; el de salir es «saliente»; el de cantar es «cantante» y el de existir, «existente». ¿Cuál es el del verbo ser? Es «ente», que significa ‘el que tiene entidad’, en definitiva ‘el que es’. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación «-nte». Así, al que preside, se le llama «presidente» y nunca «presidenta», independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.

Esta argumentación se basa en tres afirmaciones:

  • que el participio activo del verbo ser es ente,
  • que la terminación –nte que añadimos a los participios activos de los verbos procede de ente,
  • que dicha terminación se toma de ente porque este denota entidad o significa ‘el que es’.

Sin embargo:

1. El participio activo del verbo ser no es ente. El único participio que actualmente tienen, de forma general, los verbos españoles, es el de perfecto (por ejemplo, sido, para el verbo ser, o comido para comer). Solo algunos verbos tienen entre sus derivados los llamados participios activos, que hoy se consideran sustantivos (como presidente) o adjetivos (como atacante o cantante). El verbo ser tuvo en el pasado una forma de participio activo hoy perdida, pero no era ente sino eseyente.

2. La terminación –nte no procede de ente. Nuestro sustantivo ente (que, como se ha dicho, no es el participio del verbo ser) sí que deriva, sin embargo, de ens, entis, participio de presente del verbo latino esse (‘ser, estar’). Pero el hecho crucial no es que el participio del verbo ser en latín tuviera esta forma entis, sino que todos los participios de presente del latín tenían esta misma forma: e-ntis, ama-ntis, lege-ntis, capie-ntis, etc. Obviando la raíz verbal y la vocal temática que quedan a la izquierda del guion, en todas estas formas lo que encontramos es la secuencia –nt– y la terminación –is, desinencia de caso genitivo.

Esta secuencia –nt– es un infijo, un elemento que se inserta en el interior de una palabra, y es una marca morfológica que indica un subtipo concreto de declinación por el que se guían algunas de las palabras que forman parte de la tercera declinación latina. Este mismo infijo, y este mismo submodelo de declinación (llamado precisamente temas en –nt-), está presente también en otras lenguas, como el griego clásico. Aunque por este modelo de temas en –nt– se declinan solo unos pocos sustantivos y adjetivos, en la práctica es muy productivo, porque es el modelo por el que se declinan todos los participios de presente activos de todos los verbos latinos y varios de los participios del griego clásico.

3. La terminación -nte no se toma de ente porque este denote al ser. El hecho de que esta secuencia -nt- aparezca no solo en ente, sino en todos los participios de los verbos latinos, e incluso en otros adjetivos (como prudentis, ‘prudente’), sustantivos (como /leontos/, ‘león’ en griego) y determinantes (como /panta/, ‘todo’ en griego), prueba que esa –nt– no ha sido nunca, a lo largo de su historia, marca de entidad o de existencia. Nunca, por sí sola, ha denotado al ser, al ente. Llegó a denotar, en latín, al ente al entrar en interacción con el verbo ser, pero entró en contacto con este verbo, como con todos los demás verbos latinos, pues no es más que una marca morfológica de la que los verbos se sirven para declinar una de sus formas no personales, el participio.

Lo que históricamente existe es este infijo –nt– y no la terminación –nte. Recordemos que en las formas amantis o legentis la terminación –is es marca de genitivo, pero este es solo uno de los seis casos que tienen las declinaciones latinas. Estas declinaciones establecen distintas terminaciones en función del caso, del género y del número: un participio como entis puede tener potencialmente hasta 24 desinencias, es decir, 24 terminaciones después del infijo –nt– (entem, entis, enti, entium, entia, etc.) que se encargan precisamente de marcar el caso, el número y el género. Nada, por tanto, en la morfología histórica de este elemento –nt– impide que las palabras que se forman con él tengan una forma distinta para el género femenino; es más, históricamente este infijo ha formado parte de palabras que explícitamente diferenciaban el género.

Por último. Es cierto que el español conserva este infijo fundamentalmente en la terminación –nte, y es fácil caer en el error de creer que la emplea solo para referirse a la persona que realiza la acción del verbo (presidente el que preside, cantante el que canta, atacante el que ataca). Sin embargo esto no es una verdad absoluta: ni todos los verbos se refieren al agente con esta terminación, ni siempre que esta terminación aparece se asocia a la persona que lleva a cabo la acción del verbo.

Los que luchan, los que inventan, los que trabajan, los que corren, etc. no son los luchantes, los inventantes, los trabajantes, etc. sino el luchador y la luchadora, el inventor y la inventora, el trabajador y la trabajadora. El español actual conserva, además, casos en los que este infijo es más una mera marca gramatical (heredera de un antiguo participio que hoy ya no se siente como tal): mediante, de mediar; durante, de durar; o bastante, de bastar. Y de hecho, en el español de otras épocas estas palabras tenían forma en plural (era, por ejemplo, posible decir ellas durantes).

Nada en la morfología histórica de nuestra lengua, ni en la de las lenguas de las que la nuestra procede, impide que las palabras que se forman con este componente tengan una forma para el género femenino. Las lenguas evolucionan y en esa evolución se transforman. Estos cambios se deben a muchas causas, algunas son causas internas (evoluciones fonéticas, por ejemplo); otras son externas, el contacto con otras lenguas o el cambio en las sociedades que las hablan. Para que una lengua tenga voces como presidenta, solo hacen falta dos cosas: que haya mujeres que presidan y que haya hablantes que quieran explícitamente expresar que las mujeres presiden. Si esas dos circunstancias se dan, ninguna supuesta terminación, por muy histórica que sea su huella, frenará el uso de la forma femenina (preguntamos al lector por qué no se han levantado voces contra el uso del femenino sirvienta). Pero es que, además, en el caso de este infijo concreto, la historia de nuestra lengua y la de las lenguas que la precedieron pueden llegar a avalar el empleo de voces como presidenta, pues al hilo de esta explicación parecen ser menos conservadoras que la variedad actual.

Vea: http://www.fundeu.es/escribireninternet/presidenta/

Vea esta otra explicación de la Academia de la Lengua:

La palabra presidenta está registrada en el Diccionario académico y es una forma válida y preferible a presidente para aludir a las mujeres que ocupan ese cargo.

En las noticias es frecuente encontrar las formas presidenta y presidente para aludir a mujeres como en «La presidenta argentina exhortó a seguir por el camino de la reindustrialización», «Existía la esperanza de que con la llegada de la presidente Bachelet se eliminaría este impuesto» o «Ana Patricia Botín, nueva presidente del Santander».

Dado que la mayoría de las palabras que han añadido el sufijo -nte son comunes en cuanto al género (como el donante y la donante, del verbo donar), a menudo se plantea la duda de si sucede lo mismo en el caso de presidente y ha de ser siempre la presidente cuando alude a una mujer.

Sin embargo, la Gramática académica explica que la voz presidenta es un femenino válido en el que se ha cambiado la e final por a, al igual que ocurre con asistenta, dependienta, infanta o intendenta. Puesto que, además, presidenta ya tiene registro académico desde el Diccionario de 1803, se emplea desde mucho antes y es la forma mayoritaria, según el Diccionario panhispánico de dudas, no parece que haya motivo para no usar o incluso para no preferir esta forma cuando el referente es una mujer.

Por esta razón, en los dos últimos ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «Existía la esperanza de que con la llegada de la presidenta Bachelet se eliminaría este impuesto» o «Ana Patricia Botín, nueva presidenta del Santander».

Se recuerda además que los cargos se escriben con minúscula inicial (presidenta, no Presidenta).

Par más información, ver:

http://www.fundeu.es/recomendacion/presidenta-femenino-correcto/;

https://www.fundeu.es/escribireninternet/presidenta/

http://udep.edu.pe/castellanoactual/duda-resuelta-la-presidenta-o-la-presidente/#comment-121702;

http://udep.edu.pe/castellanoactual/duda-resuelta-senora-presidente/;

http://udep.edu.pe/castellanoactual/oficios-y-profesiones-del-sexo-debil/

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