En este tema veremos un nuevo tipo de palabra, los adverbios. Vuelve a ser un repaso del curso pasado. Ahora trabajaremos un poco de ortografía. Palabras con Y y LL.
a través de Tema 6. Las máquinas. — 6cldv
En este tema veremos un nuevo tipo de palabra, los adverbios. Vuelve a ser un repaso del curso pasado. Ahora trabajaremos un poco de ortografía. Palabras con Y y LL.
a través de Tema 6. Las máquinas. — 6cldv
El punto con el que se acaba un escrito o una división importante de un texto se llama punto final, no punto y final, como se ve en algunos textos.

Esta expresión se emplea también para aludir a lo que da por terminado un asunto: «Aquel argumento puso punto final a la discusión».
Sin embargo, en los medios de comunicación se emplea a menudo la variante impropia punto y final: «El equipo puso un brillante punto y final a la temporada» o «Punto y final a una huelga de dos meses».
El Diccionario panhispánico de dudas señala acerca de esta variante: «No es correcta la denominación punto y final, creada por analogía de las correctas punto y seguido y punto y aparte».
Se recomienda, pues, evitar punto y final para aludir tanto al punto que da fin a un texto como a aquello con lo que termina un asunto, y emplear en todos los casos punto final.
Nota: Destaques nuestro.
a través de punto final, no punto y final — aprende español
La esquina del idioma Piedad Villavicencio BellolioEl «ciento por ciento» y el «porciento»
Las locuciones «ciento por ciento», «cien por ciento» y «cien por cien» se escriben separadas. La elección de su uso está supeditada a diferentes factores, entre ellos: Cuando se expresa solo una parte de las cien unidades, se recomienda la forma «por ciento» o el respectivo símbolo (%), como en estos ejemplos: «El 50 por ciento de estudiantes universitarios del Ecuador…»; «El 90 % de los habitantes…». En estos casos no es apropiado el empleo de la grafía «cien», tampoco se debe usar esta forma en la pronunciación del símbolo. Por lo tanto, no se considera correcto decir o escribir, por ejemplo, «el 30 por cien».
Cuando el contexto no se refiere a una proporción, sino que indica totalidad se pueden emplear de manera indistinta las formas «ciento por ciento», «cien por ciento» y «cien por cien». Ejemplos: «Adquirió el ciento por ciento de las acciones…»; «Aumentó al cien por ciento la entrega de becas…»; «Se cubrió el cien por cien de las plazas administrativas».
No hay que confundirse con el nombre «porciento», que se presenta en una sola palabra y es sinónimo de ‘porcentaje’. Suele emplearse en Puerto Rico y otras zonas caribeñas, así: «El asistente tiene un porciento fijo por su participación».
La Ortografía de la lengua española recomienda que el símbolo se escriba separado de la cifra: el 20 %. También dice que no se separen en líneas diferentes los elementos que constituyen la expresión de los porcentajes, se escriban con cifras o con palabras. Aunque las particiones al final del renglón se ejecuten por medio de programas informáticos, hay que procurar que estas fórmulas no queden así: 3 / %, tres / por ciento, tres por / ciento.
La locución «por ciento» puede usarse con cifras o con palabras (diez por ciento, 10 %), pero el símbolo solo admite cifras (12 %); en consecuencia, la grafía «doce %» es incorrecta. (Actualizado de La esquina del idioma de 28/06/2015). (F)
FUENTES: Diccionario panhispánico de dudas (2005), Ortografía de la lengua española (2010) y Diccionario de la lengua española (2014), de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española.
Citas:
Comentario: el femenino de diácono es diaconisa. La ordenación sacerdotal tiene tres grados, de los cuales el diaconado es el primero. Como lo dice el DLE, en la Antigüedad hubo diaconisas, pero hoy también las hay. La primera diaconisa de la era moderna fue Florence Li Tim Oi, ordenada en 1944 en la iglesia anglicana de Macao, China. Su ordenación fue precipitada por la guerra.
Una vez terminada la contienda, Florence fue marginada de su oficio, tradicionalmente ejercido por hombres, hasta 1971, cuando ya se había abierto definitivamente la puerta al clero femenino en la Iglesia anglicana. En la década del 80, en EE. UU., y en la del 90, en el Reino Unido, varias diaconisas pasaron al siguiente grado del sacerdocio, el de sacerdotisas. Años después, algunas llegaron a la categoría de obispas, como la controvertida Mary Glasspool, lesbiana declarada.
Olga Lucía Álvarez y Olga Bohórquez, anglicanas, fueron las primeras diaconisas colombianas, ordenadas a finales de los 90. Por otra parte, unas 250 mujeres católicas han sido ordenadas diaconisas y luego sacerdotisas. Las ordenaciones se han realizado en barcos sobre el Danubio, en Europa, y sobre el río San Lorenzo, en los Estados Unidos, evadiendo a la autoridad eclesiástica territorial y adelantándose al futuro.
ANTV
Cita: “…afirmó Ángela María Mora, directora de la Antv”.
Comentario: según la Ortografía de la lengua española, 2010, se deben escribir en mayúscula fija las siglas no lexicalizadas (que se deletrean), RCN, BBC, ANTV, y las lexicalizadas confundibles, CESA, USO, ACÁ. Las que pueden ir con solo inicial mayúscula son las lexicalizadas (que se leen) inconfundibles, Icfes, Dane, Dian.
Cabildeo
Cita: “Han desarrollado una máquina de lobby para impedirlo”.
Comentario: el término inglés lobby, en este contexto, se puede reemplazar por expresiones como relaciones públicas, cabildeo, presión.
Elegido
Cita: “Charlie Brown, escuché que habías sido elejido ‘gerente del año’”.
Comentario: los verbos terminados en -gir, como dirigir, restringir, elegir, conservan la g cuando le siguen las vocales e, i, dirige, dirigí, restringe, restringimos, elige, elegido…, y solo la cambia a j cuando siguen a, o, dirija, dirijo, restrinjamos, restrinjo, elijan, elijo… No hay ningún misterio en ese cambio, pues así todas las terminaciones tienen el mismo sonido. Si se escribiera diriga, restringo, eligamos…, cambiaría el sonido.
FERNANDO ÁVILA
Especialista en redacción y creación literaria: http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/educacion/diaconisa-sacerdotisa-y-obispa/16595725
La científica cognitiva Mirieke Longcamp, de la Universidad de Aix-Marseille, Francia, hizo un análisis de las palabras manuscritas y digitalizadas, tratando de verificar el efecto de la escritura en el ser humano. Ella llamó este fenómeno de personificación de la percepción. En sus estudios observó y obtuvo algunos datos interesantes relacionados con los efectos de la escritura a mano al realizar diversos experimentos con niños.
Ella estudió la habilidad de los jóvenes estudiantes de reconocer letras, una tarea aparentemente sencilla para un adulto alfabetizado. Sin embargo, para un niño discernir entre las letras b y d, o comprender que la letra A (mayúscula) e a (minúscula) son la misma letra no es nada fácil, por lo menos en los primeros momentos. Estas llegan a ser automáticamente entendidas después de mucho esfuerzo práctico.
Los estudios indican que observar palabras, sean manuscritas o digitadas, estimula naturalmente la actividad visual. El punto interesante es que escribir manualmente produce una actividad motora, aún cuando nos mantenemos físicamente inmóviles. A nivel neurológico, las letras escritas a mano son visuales y físicas.
En un estudio realizado en 2012, publicado en el periódico científico Neuroscience and Education, voluntarios que visualizaron algunas letras hechas a mano (no digitadas) demostraron mayor actividad en el giro frontal izquierdo, área relacionada al habla, y en el córtex cingulado anterior izquierdo, que participa de procesos como tomadas de decisión y atención.
Los estudiosos reconocen que la experiencia de escribir, en última instancia, es personal, varía de persona para persona, dependiendo de la situación y los hábitos individuales. Los estudios en esta área son recientes y fragmentados, por lo que serán necesarios nuevos análisis que cumplan con principios de universalización, a fin de comprobar las percepciones teóricas de los especialistas.
Ref.:
La «W» es la vigésima cuarta letra y la décima novena consonante del alfabeto español. Su nombre es femenino: uve doble, doble uve, ve doble, o doble ve, y doble u en partes de América Latina. En plural: uves dobles, dobles uves, ves dobles, dobles ves o dobles úes (por cierto, muy raro su uso). La Ortografía de 2010 propone uve doble como nombre único para esta letra.
Esta letra no pertenece propiamente a la gramática española. Se usa básicamente para representar extranjerismos. Designa palabras de otros idiomas, sobre todo aquellas procedentes del visigodo, alemán e inglés. También es usada para transcribir al alfabeto latino palabras procedentes de los idiomas orientales.
En las lenguas en las que existe como fonema, su articulación es usada como semiconsonante (como acontece en inglés). También tiene función fricativa labiodental y sonora (como en el caso del idioma alemán).
En español se pronuncia como /b/ en nombres propios de personajes de origen godo (Ej. Walia, Witerico, Wamba) y en nombres propios o derivados de origen alemán (Ej. Wagner, Westfalia, wagneriano). En vocablos de origen inglés, conserva muchas veces la pronunciación de /u/ semiconsonante (Ej. Washington, washingtoniano).
Pronunciación de la w
La letra w puede tener varias pronunciaciones según la procedencia de las palabras en las que aparece.
En español hay tres letras que sirven para representar el mismo sonido: la b , la v y la w, si bien esta última solo suena así en las palabras de origen germánico o alemán: Wenceslao /bencesláo/, Wamba /bámba/, Wolframio /bolfrámio/, wagneriano /bagneriáno/, Wagner /bágner/…
En los demás casos, bien sean palabras procedentes del inglés o de la transcripción de otros alfabetos (árabe, hebreo, chino, japonés…), el sonido de la w en español es casi siempre el de u o de gu (waterpolo /guaterpólo/, Washington /guáshington/) y, ocasionalmente, el de una de b suave (Kuwait /kubáit/, Hollywood /hólibud/).
Aunque la w aparece solo en voces procedentes de otras lenguas, se considera parte del alfabeto español, y por tanto no es necesario aplicar la cursiva en las palabras que la tienen ni remplazarla en las formas hispanizadas, como web, sándwich y wéstern. (pronunciación de la «w» | Fundéu [fundeu.es])
Vea:

Hay tres verbos en español que se emplean para recrear, mediante el lenguaje, el sentido de la vista y que no tienen el mismo significado, por lo menos de forma directa, pero que están interrelacionados. Estos son:
Ref.: https://www.facebook.com/profile.php?id=100009237819494.
A dichas conclusiones llegó Joan Lee, lingüista de la Universidad de Calgary (Canadá). La investigadora afirmó: “Generalmente se cree que mandar mensajes de texto contribuye a un uso más libre del lenguaje, pero nuestro estudio encontró que esto es un mito. Las personas que mandan más mensajes de texto rechazan palabras desconocidas en vez de reconocerlas como términos posibles”.
En su investigación, Lee trabajó con estudiantes universitarios. Preguntó sobre los hábitos de lectura de los estudiantes y averiguó cuántos SMS enviaban o recibían a diario. A seguir, la especialista presentó una serie de palabras reales o ficticias y analizó cómo las aceptaban, y si las comprendían, dado el contexto.
En el estudio se descubrió que los voluntarios que leían y enviaban más mensajes de texto aceptaban mucho menos palabras nuevas, mientras que los jóvenes que leían los tradicionales libros, diarios o revistas aceptaban e incorporaban los términos nuevos con mucha más facilidad.
Lee piensa que leer medios impresos tradicionales exponen a las personas a un mayor nivel de creatividad en el lenguaje, algo que no aparece durante el envío y recepción de SMS. Además, la experta concluye que las lecturas tradicionales promueven la flexibilidad en el uso del lenguaje y la aceptación de palabras previamente desconocidas.
Como resultado, explica Lee, las personas desarrollan más habilidades lingüísticas que permiten interpretar correctamente las palabras que no conocen. En contraste, los mensajes de texto se asocian a inhibiciones en el lenguaje, que provocaron en los voluntarios un rechazo de las palabras. Esto fue sorprendente, porque hay muchas ortografías inusuales o textismos en el lenguaje del mensaje de texto, comenta Lee.
La experta opina que esta situación tal vez se presenta porque el lenguaje de los SMS representa palabras que usan habitualmente en el habla cotidiana, por lo cual las personas que usan este tipo de comunicación no suelen estar en contacto con tantos términos como los presentados en los medios impresos.
Fuente: www.marisolcollazos.es
Repasamos en esta lista algunas de las palabras en español que más causan dudas a la hora de escribirlas con tilde o sin ella.
Paloma Ferrer, madre de una niña con síndrome de Down, ha iniciado una campaña en change.org para pedir que se cambie, modifique y actualice la acepción de estos términos relacionados con personas con discapacidad por considerarlos «desfasados».
En un comunicado, Dincat, que agrupa a más de 300 entidades de personas con discapacidad intelectual, ha apoyado esta petición y ha ido un poco más allá al considerar que es el uso de estas expresiones con ánimo descalificante lo que estigmatiza a las personas con discapacidad.
«En el debate de fondo está la utilización reiterada y continuada de un lenguaje que, históricamente, se ha empleado para definir unas personas (“tarado”, “subnormal”, “mongólico”, “retrasado”, o “disminuido”, entre otros) en relación a ciertas atribuciones», argumenta Dincat.
Estas palabras, más allá de su significado literal, «son utilizadas sistemáticamente como insulto para despreciar al otro, lo que confiere a todo un colectivo un determinado estatus, a menudo asociado a “condiciones indeseables”, relegándolo a una posición de inferioridad con respecto al resto de ciudadanos».
Dincat ha recordado que las personas con discapacidad intelectual son ciudadanos de pleno derecho, lo que «quiere decir que tienen derecho a ser respetadas y a tener las mismas oportunidades que los demás ciudadanos para vivir en inclusión en la sociedad».
«El uso continuado de ciertas expresiones, al igual que su eufemismo, conlleva la estigmatización de unas personas que, desde hace décadas, luchan contra unos estereotipos que no reflejan la realidad», abundan las entidades.
Dincat considera que «más que una cuestión de corrección política, se trata de cambiar la mirada por otra que nos permita ver las capacidades de las personas. Como sociedad, no podemos permitir que la diversidad sea una causa de estigmatización».
La asociación catalana ha iniciado una campaña para denunciar ante la comisión antiviolencia los cánticos en los campos de fútbol que utilizan términos como «subnormal» para descalificar a los rivales.