La crisis global del coronavirus está planteando grandes cambios sociales, políticos y económicos que ya están teniendo consecuencias en el día a día, transformando usos y costumbres para luchar contra la enfermedad. Nuestro idioma no es impermeable a la sociedad y tampoco lo es a esta pandemia. La RAE viene a explicar lo siguiente sobre los términos asociados a esta palabra bellamente mortal.
El coronavirus ha causado una revolución científica e idiomática. Foto:https://www.wdbj7.com
Un reflejo de esto es que palabras como pandemia,epidemia,cuarentena, confinar, confinamiento,hipocondría,asintomático o, por supuesto, coronavirus aparecen en los puestos más altos de palabras buscadas estos días en el diccionario.
Sin duda, la crisis sanitaria generará por sí misma palabras que habrá que atender. Las circunstancias excepcionales producen palabras nuevas, pero que suelen ser efímeras. Aunque se pongan muy de moda, luego desaparecen. Sin embargo, es muy probable que siempre se recuerde coronavirus, porque es una palabra que ya ha entrado en nuestra conversación ordinaria.
No obstante, más allá del simbolismo social que ha alcanzado ese término, no es previsible que esta crisis genere muchos vocablos que haya que eternizar en el Diccionario de la lengua española.
Coronavirus
El término coronavirus no se encuentra en la más reciente actualización del DLE, pero ya ha sido propuesto para su estudio y posterior incorporación.
¿Cómo se escribe?
La voz coronavirus se escribe en una sola palabra y con minúscula inicial si se usa como el nombre común del virus o, por metonimia, de la enfermedad: Los coronavirus pertenecen a la familia Coronaviridae.
¿Cuál es su plural?
La voz coronavirus es invariable en plural: los coronavirus.
¿De dónde viene el nombre?
El nombre se debe al parecido de la parte exterior del virus con la corona solar. Se trata de un nombre común tomado del latín científico y registrado en el Diccionario de términos médicos de la Real Academia Nacional de Medicina.
COVID-19
La Organización Mundial de la Salud ha propuesto la abreviación COVID-19(a partir de COronaVIrus + Disease ‘enfermedad’ + [20]19).
¿Se escribe COVID-19 o covid-19?
Al ser un acrónimo de reciente creación, aún no lexicalizado, lo indicado es su escritura en mayúsculas en todas sus letras. Solo si con el tiempo llegara a convertirse enteramente en el nombre común de la enfermedad, la escritura indicada sería en minúsculas, covid-19.
¿Cómo se pronuncia COVID?
No hay una norma que determine cómo se acentúan prosódicamente los acrónimos en mayúsculas; por lo general, suele aplicarse el patrón acentual mayoritario para palabras con estructura similar. Así, lo normal es pronunciar [kobíd].
¿Es la COVID-19 o el COVID-19?
Si se supone el sustantivo tácito enfermedad, lo más adecuado sería su uso como femenino (la COVID-19), pero es más frecuente su uso como masculino (el COVID-19) por influencia del género de coronavirus y del de otras enfermedades víricas (el zika, el ébola…), que toman por metonimia el nombre del virus que las causa.
La fonología es la rama de la lingüística relacionada con el estudio de los sonidos del habla con referencia a su distribución y patrones. Como se discute a continuación, los límites entre los campos de fonología y fonética ni siempre están bien definidos.
Adjetivo: fonológico. Un lingüista especializado en fonología se conoce como fonólogo.
En su obra Conceptos Fundamentales en Fonología (2009), Ken Lodge observa que la fonología «trata de diferencias de significado señaladas por el sonido».
Este vocabulario etimológicamente viene del prefijo «fono», del griego «φωνη» (phōnē) voz y del sufijo «logia» del griego «λογία» que indica estudio, tratado o ciencia. El término «fonología» se utiliza regularmente y ocupa la posición 33.913 de nuestra lista de términos más usados del diccionario de español. La frecuencia con la que regularmente se emplea es del 67%.
Observaciones sobre fonología
«Una forma de entender el tema de la fonología es contrastarlo con otros campos dentro de la lingüística. Una explicación muy breve es que la fonología es el estudio de las estructuras de sonido en el lenguaje, que es diferente del estudio de las estructuras de las oraciones (sintaxis), palabra, estructuras (morfología), o cómo los idiomas cambian con el tiempo (lingüística histórica). Pero esto es insuficiente. Una característica importante de la estructura de una oración es cómo se pronuncia–su estructura de sonido. La pronunciación de una palabra dada también es una parte fundamental de la estructura de una palabra. Y ciertamente los principios de pronunciación en un idioma están sujetos a cambios con el tiempo. Así que la fonología tiene una relación con numerosos dominios de la lingüística». (David Odden, Introducing Phonology, 2ª ed. Cambridge University Press, 2013).
El objetivo de la fonología
«El objetivo de la fonología es descubrir los principios que rigen la forma en que se organizan los sonidos en los idiomas y explicar las variaciones que ocurren. Comenzamos analizando un idioma individual para determinar qué unidades de sonido se usan y qué patrones forman – el sistema de sonido del lenguaje. Luego comparamos las propiedades de diferentes sistemas de sonido, y elaboramos hipótesis sobre las reglas que subyacen al uso de sonidos en grupos particulares de idiomas. Finalmente, los fonólogos quieren hacer declaraciones que se apliquen a todos los idiomas».
«Mientras que la fonética es el estudio de todo lo posible los sonidos del habla, la fonología estudia la manera en que los hablantes de una lengua utilizan sistemáticamente una selección de estos sonidos para expresar el significado». (David Crystal, Cómo funciona el lenguaje. Overlook Press, 2005).
«Hay otra forma de establecer la distinción. No hay dos hablantes que tengan tractos vocales anatómicamente idénticos y, por lo tanto, nadie produce sonidos exactamente de la misma manera que cualquier otra persona. Sin embargo, al emplear nuestro lenguaje, podemos descartar gran parte de esta variación, y enfocarnos solo en aquellos sonidos, o propiedades del sonido, que son importantes para la comunicación del significado. Pensamos que nuestros compañeros hablantes utilizan los ‘mismos’ sonidos, aunque acústicamente no lo son. La fonología es el estudio de cómo encontramos orden dentro del aparente caos de los sonidos del habla». (David Crystal, Cómo funciona el lenguaje. Overlook Press, 2005).
«Cuando hablamos del ‘sistema de sonido’ del inglés’, nos referimos a la cantidad de fonemas que se usan en un idioma y cómo están organizados». (David Crystal, The Cambridge Encylopedia of the English Language, 2ª edición. Cambridge University Press, 2003).
Nordquist, Richard. «Fonología – Definición y observaciones». 3 de julio de 2019 Delilah Morals. «Etimología – Origen, historia o formación». 21 de septiembre de 2019
Las siguientes referencias proporcionan una visión completa y detallada de la fonología de la lengua española.
En esta entrada pretendo establecer una correlación semejante a la establecida entre lengua, cultura y sociedad, y relacionar el discurso como manifestación del uso de la lengua, la ideología como un elemento cultural y las relaciones de poder como una de las formas de relación que configuran nuestra estructura social. Específicamente, pretendo analizar cómo el discurso ideológico se utiliza como instrumento que legitima la ideología y las relaciones de poder que esta respalda. Propongo una reflexión crítica sobre el carácter disimulado del discurso ideológico e invito desde esa reflexión a desenmascarar las formas sutiles en que se manifiesta la discriminación y que consciente o inconscientemente venimos tolerando en nuestra sociedad.
Alberti, Matos Mar y Escobar (1975) definen la sociedad como “el conjunto de relaciones que se establecen entre los distintos individuos, grupos, clases o sectores que conforman su estructura y organización en un determinado momento”. Para Weber (2012) la estabilidad y durabilidad de una relación social depende de la regularidad de las acciones sociales de los individuos, lo que nos permite hablar de “usos sociales”, prácticas regulares que configuran un orden social determinado.
Weber afirma que el ordenamiento social que termina estructurando la sociedad es, por lo general, fruto de una imposición que se hace efectiva gracias al poder de quien impone dicho orden social. Por tanto, no es el acuerdo general, como solemos pensar, el que comúnmente estructura la sociedad, sino la dominación. Para Weber, esta desempeña una función necesaria para la vida en sociedad y esto ocurre incluso en regímenes democráticos donde de alguna forma la minoría se somete a las decisiones de la mayoría.
Siendo así, cabe preguntarse cómo se ejerce tal dominación y qué hace posible que la gente obedezca y acepte el mandato y la autoridad de otro. ¿Por qué estamos dispuestos a aceptar la dominación? En este punto cobra especial relevancia la idea de “legitimidad”. El concepto de “dominación” de Weber hace referencia a una relación de poder específica que se ejerce sobre alguien que obedece y acepta el mandato porque lo cree legítimo, es decir, válido. La creencia de que un poder es legítimo es una de las principales causas de que las personas se sometan y acaten una orden que proviene de otra persona.
Weber reconoce tres tipos de dominación de acuerdo con el tipo de legitimidad del poder: la dominación racional, la tradicional y la carismática. La primera reposa en la creencia de que el poder es legítimo si proviene de un ordenamiento legal; es decir, si las leyes lo respaldan. La segunda se basa en la creencia en el carácter sagrado de las tradiciones. Finalmente, la legitimidad de la dominación carismática descansa en la percepción del dominio como resultado de las cualidades extraordinarias de la persona que lo ejerce. Es importante destacar que para Weber no es la norma ni la tradición ni el carisma aquello en lo que se sostiene el poder, sino la creencia de que tales formas de poder son legítimas.
Las relaciones de poder son naturales a la vida en sociedad y se sostienen en el tiempo gracias a que están asociadas a un modo de pensamiento, a un conjunto de ideas que respaldan y legitiman la dominación; es decir, el poder que ejerce una persona o un grupo sobre los demás. Llamaremos ideología al conjunto de ideas compartidas por una sociedad relativas a cómo debe ser ejercido el poder en esa sociedad. Cuando se cree firmemente en la legitimidad de una ideología, los individuos pueden estar dispuestos a vivir e, incluso, a morir por ella.
El orden social que se piensa legítima estructura la sociedad, y lo hace de tal manera que en adelante se percibirá como el hábitat natural de los individuos que integran esa sociedad. De esta manera, el poder y la ideología terminan estando en todas partes, configurando el espacio y, por ende, también el discurso, ya que este es el principal vehículo del pensamiento y de las ideas. Al discurso que, implícita o explícitamente, está al servicio del ejercicio de la dominación o al servicio de la legitimación del poder de unos sobre otros lo llamamos discurso ideológico.
La relación de interdependencia que existe entre lengua, cultura y sociedad (desarrollada en una entrada anterior del blog) es semejante a la que existe entre discurso ideológico, ideología y relaciones de poder o dominación.
Si alguien busca en el diccionario académico la palabra “cola”, se va a encontrar con una ‘cola’ de significados. En su programa “El Palabrero”, de la televisora RTVE, de España, Juan Antonio Vasquez analiza el significado de tres de esos sentidos, aunque pensamos que se le escaparon otras tantas ‘colas’. Al final de cuentas, cola es cola. Siga el link para escuchar el audio. http://www.rtve.es/alacarta/audios/el-palabrero/palabrero-tres-colas-11-02-19/4987045/
Microplástico, la voz que designa los pequeños fragmentos de plástico que se han convertido en una de las principales amenazas para el medioambiente y la salud de los seres humanos, ha sido elegida palabra del año 2018 por la Fundéu BBVA.
Esta es la sexta ocasión en la que la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia Efe y BBVA, da a conocer su palabra del año, escogida entre aquellos términos que han estado presentes en mayor o menor medida en la actualidad informativa durante los últimos meses y tienen, además, interés desde el punto de vista lingüístico.
Tras elegir escrache en 2013, selfi en 2014, refugiado en 2015, populismo en 2016 y aporofobia en 2017, el equipo de la Fundación ha optado en esta ocasión por microplástico, un término que pone el acento en la toma de conciencia en torno a uno de los grandes problemas medioambientales a los que se enfrenta la humanidad.
Los microplásticos son pequeños fragmentos de plástico (menores de cinco milímetros) que, o bien se fabricaron ya con ese tamaño para ser empleados en productos de limpieza e higiene, o bien se han fragmentado de un plástico mayor (bolsas de la compra, envases de todo tipo…) durante su proceso de descomposición.
Su presencia en la arena de las playas, en los organismos de los animales, en la sal marina que consumimos y hasta en el agua que bebemos ha hecho saltar las alarmas y ha obligado a poner en marcha medidas para reducir el consumo de los plásticos de un solo uso, responsables en buena parte del problema.
Desde el punto de vista lingüístico, la Fundéu le dedicó una de sus recomendaciones diarias a este término, que, aunque no aparece aún en la mayoría de los diccionarios de español, está bien formado a partir del elemento compositivo micro- y el sustantivo plástico.
En esa recomendación, la Fundación recordaba que, como sucede en general con las palabras formadas con elementos compositivos, estos se escriben unidos a la voz a la que acompañan, sin dejar en medio un espacio ni intercalar un guion (no micro plástico ni micro-plástico).
«Cuando hace unas semanas empezamos el proceso para elegir las doce candidatas a palabra del año 2018, nos encontramos con que, sin pretenderlo, la mayoría de los términos que nos parecían más adecuados para definir de algún modo el año que acaba eran del ámbito social (mena, los nadie, micromachismo) o del medioambiental (microplástico, descarbonizar, hibridar…)», explica el director general de la Fundéu BBVA, Joaquín Muller.
«Creemos que esa selección muestra de algún modo el perfil de un año en el que, además de las grandes cuestiones políticas y económicas, todos estamos volviendo nuestra mirada a otros asuntos de enorme trascendencia que a veces quedan eclipsados por otros grandes titulares en los medios de comunicación», añade.
Si se repasan las recomendaciones emitidas por la Fundación del Español Urgente, inspiradas en la mayoría de las ocasiones por las dudas y las consultas de los profesionales de los medios, se encuentran decenas de términos relacionados con el medio ambiente: ecocidio, alargascencia, ecoimpostura o ecopostureo, espigar, esmog, Hora del Planeta…»
«Así que no es raro que entre las candidatas a palabra del año hubiera varias de ese ámbito ni que la finalmente elegida haya sido microplástico», asegura Muller.
Antes de dar a conocer la decisión definitiva, la Fundación publicó una relación de doce palabras finalistas en la que, además de las citadas (microplástico, descabonizar, hibridar, mena, los nadie y micromachismo), figuraban voces como VAR, sobreturismo, procrastinar, arancel, dataísmo y nacionalpopulismo.
«Igualdad no es que te llamen arquitecta, es que te paguen igual y tengas las mismas oportunidades», dice la académica de la lengua de México.
Concepción Company Company (Madrid, 1954) ocupó su silla en la Academia Mexicana de la Lengua en el año 2005, y en el 2016 ingresó en el Colegio Nacional de México, una institución que desde su creación tuvo 98 miembros varones y solo cuatro mujeres. Pero esta gran conversadora lo tiene claro: «No quiero que me incluyan por ser mujer, pero tampoco que me excluyan, que no me vean o no me tengan en cuenta por serlo».
¿Es sexista el lenguaje?
—Creo que la gramática no es sexista ni deja de serlo. No es un concepto que pueda ser aplicado a la gramática, pero sí al lenguaje y al discurso.
¿Entonces sí puede serlo el lenguaje?
—Puede serlo el uso que hagamos de la gramática o cómo construyamos el discurso. Eso sí puede serlo, y de hecho muchas veces lo es. La gramática es totalmente aséptica, está ahí porque le funciona a una comunidad, pero el uso sí puede ser sexista. Por ejemplo, cuando a un hombre le dan un premio, los periódicos mexicanos suelen decir: Juan Pérez fue reconocido con el premio Cervantes. En este caso Juan está a la cabeza de la oración, figura como el tópico, el principal. Pero si es una mujer con frecuencia aparece: el premio Cervantes le fue otorgado a Juana Pérez. Aquí quien aparece a la cabeza es el premio y la pobre Juana está a la cola. Eso sí es discriminatorio. También ocurre que si el premiado es un hombre se escribe un texto con su currículo y si es una mujer se ponen como mucho tres líneas.
Por no contar cuando se dice que está casada y tiene hijos.
—¡No me diga, eso me levanta la presión [exclama], la tensión, como dicen en España! Es como María Moliner, una gran lexicógrafa de quien todo el mundo dice que tenía cinco hijos y le zurcía los calcetines al marido. Eso sí es discriminatorio, por eso le digo que el discurso sí puede serlo, pero la gramática únicamente recoge repositorios históricos de siglos y milenios, y una comunidad funciona con ella.
Por otro lado, tenemos un discurso de lo políticamente correcto, aunque Francia acaba de prohibir el lenguaje inclusivo en textos institucionales. En España los discursos insisten en el uso de «compañeras» y «compañeros».
—Le hablo como gramática e historiadora de la lengua: es una tontería; así, tranquilamente. En primer lugar, no es equidad de género, sino de sexo, el género es de la gramática, y aunque pueda escandalizar, es una obviedad gramatical que el género masculino no significa masculino hombre, sino que es indiferente al sexo. El género gramatical que en la lengua española puede discriminar es el femenino. Si yo digo: todos tenemos sentimientos, no es androcéntrico, no es machismo. Me parece además que el lenguaje incluyente es antieconómico, no me imagino a un creador diciendo ‘‘queridos compañeros y queridas compañeras’’. En aras de esa equidad estamos perdiendo equilibrio, elegancia en la lengua y podemos cometer errores gramaticales. En México hay una pelea en la Cámara de senadores para intentar modificar la Constitución… En fin, lo que tenemos que modificar es la sociedad.
El cambio debe darse entonces en la sociedad.
—Sí, hace dos años en la UNAM hubo una campaña de equidad de sexo, mal llamada equidad de género, que decía: equidad es que te llamen arquitecta. A mí me pueden llamar ‘‘oye, tú’’, o no llamarme de ningún modo; igualdad es que me paguen igual, me contraten igual y que tenga las mismas oportunidades sociales. En el Colegio Nacional al que pertenezco corren ríos de tinta por el escaso número de mujeres que hay, pero yo no quiero que me incluyan por ser mujer, como no quiero que me excluyan por ello. Y esta batalla no se da en la gramática, se da en la sociedad. Cuando las sociedades sean igualitarias estoy segurísima de que los hábitos gramaticales se van a modificar. Y no es banal preguntarse por qué hay tan pocas mujeres en instituciones como las academias, hay que preguntárselo y no es trivial.
¿Deberían tenerse más en cuenta las variantes de los países de Latinoamérica para elaborar diccionarios y gramáticas?
—Ese es el ideal, y creo que estamos en el camino de mostrar la riqueza del español americano, que además aporta aproximadamente el 92 % de los hablantes nativos de lengua española. La lengua es el patrimonio inmaterial de cualquier ser humano y nos va la vida en defenderla. De hecho, un peruano y un español pueden tener discusiones acaloradísimas de por qué la palabra patata aparece como primera definición y no papa. En patata se define el tubérculo y el 92 % de los hispanohablantes se sienten en segundo lugar. La gramática dice: en Perú se dice así, en Ecuador así, y en el español general de tal modo… Pero, ¿cuál es ese español general si hay 350 millones de hispanohablantes que lo dicen de otra forma?
Es decir, que no haya acepciones de primera o de segunda.
—Exactamente, cuando no haya jerarquías identitarias no habrá problema. Otra característica de las gramáticas es que ponen americanismo, como si fuera una sola lengua, un error garrafal por el que hemos batallado mucho.
Hay escritores descuidados y eso no es un hecho de creatividad
Afirma que no puede confundirse descuido con creatividad. Para Company los escritores deberían ser precisos con el uso que hacen de la gramática.
¿Debe un escritor ser exquisito con el lenguaje o en la libertad de un texto literario caben fórmulas no correctas?
—Una cosa es ser creativo y otra cometer errores o ser descuidado. Hay escritores descuidados, donde se ve que hay inconcordancias, y eso me molesta porque no es un hecho de creatividad. Estoy segura de que un escritor afina, depura… Pensemos en las ediciones en donde se ven los muchos manuscritos elaborados. Por ejemplo, uno cree que Madame Bovary salió a la primera y no es así. Me molestan estos descuidos en los que veo un adjetivo mal concordado, que no tiene nada que ver con la creatividad. Rayuela tiene muchas historias de rompecabezas y, sin embargo, Cortázar era un exquisito y tiene una altísima creatividad.
El diccionario de la RAE ha incorporado palabras como táper o cracker. ¿Es bueno recoger palabras de otros idiomas o debemos proteger nuestro vocabulario?
—En este caso mi corazón y mi cabeza no están sintonizados. Como gramática creo profundamente en que no pasa nada porque el contacto llegue a las lenguas y estas se enriquezcan. Nadie se asusta de que la lengua española tenga 5.000 arabismos y vamos al supermercado a comprar aceite, no óleo. Mi cabeza me dice que las lenguas se enriquecen con el contacto, entran préstamos y no pasa nada. Ahora, cuando llegamos al corazón, evito hasta donde me es posible usar anglicismos si tengo equivalente en castellano, y tengo que hacer ese esfuerzo. En México hay una franja de edad en que se cree que diciendo cool y naíf se habla más bonito, y a mí me parece un espanto.
Apellidos españoles de origen árabe, es un trabajo de investigación sobre aquellos nombres de familia españoles que se han heredado de los árabes que vivieron en la Península Ibérica cerca de 800 años, formados a partir de su idioma, del árabe hispánico, y de otros dialectos regionales, como el mozárabe, y que se fueron adaptando, latinizando y castellanizando con el correr de los siglos.
Aclaración: En el minuto 1:05, donde se dice «al comienzo del siglo 7», debe decir «al comienzo del siglo 8» (se trata del año 711 de la Era Cristiana). Fe de erratas.
Estos son los contenidos que podrás encontrar en Proyecto Aula (http://lenguayliteratura.org/proyectoaula/contenidos/). Si lo deseas, también puedes hacerlo por conceptos más amplios utilizando el menú de la parte superior de la página.
Prohíbe (con tilde en la i), y no prohibe (sin acento en la i), es la grafía adecuada de esta forma del verbo prohibir, conforme explicado en la página de la Fundación de la Lengua Española. Veamos la explicación dada:
En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como «Austria prohibe el burka en pleno debate migratorio», «Este fin de semana se cumplen 10 años desde la ley antitabaco británica que prohibe fumar en casi todos los espacios públicos cerrados» o «Egipto prohibe a los homosexuales salir en medios de comunicación». (Destaque nuestro).
Tal como señala la Ortografía de la lengua española, una vocal cerrada tónica (i,u) seguida o precedida de una vocal abierta (a, e, o) forma hiato y lleva siempre tilde sobre la vocal cerrada, incluso si existe una hache intercalada y con independencia de las reglas generales de acentuación:día, reír, prohíbe, búho, prohíja, cohíbo, caída…
Aunque esta norma suele aplicarse adecuadamente, cuando en la palabra aparece una hache entre vocales es común dudar. La norma académica establece ya desde 1956 que la presencia de una hache no afecta a la acentuación del hiato, por lo que se escribe con tilde búho (igual que dúo) o vahído (igual que caído).
Así pues, en los ejemplos iniciales lo apropiado habría sido escribir «Austria prohíbe el burka en pleno debate migratorio», «Este fin de semana se cumplen 10 años desde la ley antitabaco británica que prohíbe fumar en casi todos los espacios públicos cerrados» y «Egipto prohíbe a los homosexuales salir en medios de comunicación». (Destaque nuestro).