El plazo para la presentación de candidaturas a los Premios Real Academia Española 2020 (creación literaria) y Borau-RAE (mejor guion cinematográfico 2020), terminó el pasado 30 de junio. En los próximos meses se mostrarán los resultados. Para el primer premio se presentaron doce aspirantes y, para el segundo, siete.

EL PREMIO RAE
La Secretaría académica de la RAE recibió doce candidaturas de obras literarias americanas y españolas para la XVII edición del Premio Real Academia Española. Esta edición corresponde a la selección de la mejor obra de creación literaria en cualquiera de sus géneros.
El vencedor recibirá unos 20 mil euros y una medalla conmemorativa. De acuerdo con lo establecido en el reglamento del premio, las obras presentadas debieron ser publicadas en los dos años inmediatamente anteriores al de la concesión. Por ese motivo, cinco novelas, un libro de ensayo y seis poesías consiguieron cumplir con estas exigencias.
De las doce candidaturas, cinco proceden de España y siete de corporaciones americanas (Chile, Ecuador, México, Nicaragua, Paraguay, Perú y Venezuela). Todas cumplieron con serios requisitos y fueron avaladas por un mínimo de tres académicos numerarios de la RAE o de cualquiera de las academias asociadas.
A seguir, estas son las obras:
Novela
- Los cielos de curumo, de Juan Carlos Chirinos
- Una tumba en el aire, de Adolfo García Ortega
- Terra Alta, de Javier Cercas
- El collar de los Balbases, de Jorge Eduardo Benavides
- La novela de los Barrett, de Alfredo Boccia
Poesía
- Sonetos del destino, de Alejandro Montecinos
- Las reliquias de un sueño, de Manuel Ruiz Amezcua
- El rostro de la llama, de Justo Jorge Padrón
- Ofidias, de Valeria Guzmán
- Nicaragua por dentro, de Santiago Montobbio
- Nepantla, de Elsa Cross
Ensayo
- El infinito en un junco, de Irene Vallejo
GUIONES CINEMATOGRÁFICOS
La Secretaría académica aceptó siete candidaturas americanas y españolas para la IV edición del Premio Borau-RAE al mejor guion cinematográfico. El galardonado irá para su casa con un premio de 20 mil euros y una medalla conmemorativa.
Siguiendo el reglamento del premio, las propuestas presentadas están relacionadas con guiones cinematográficos, escritos originalmente en el idioma español, y sus películas deben haber sido estrenadas en los dos años anteriores al de la entrega del premio.
De las siete candidaturas, cuatro proceden de España y tres de corporaciones americanas (Paraguay, Perú y Uruguay). Todas cumplieron con serios requisitos y fueron avaladas también por un mínimo de tres académicos, miembros de la ASALE, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando o de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.
Los guiones seleccionados son los siguientes:
- Rosa mística, de Augusto Tamayo San Román
- Cuando dejes de quererme, de Javier Echániz, Asier Guerricaechevarría y Jon Iriarte
- 70 binladens, de Javier Echániz, Asier Guerricaechevarría y Juan Gil Bengoa
- La trinchera infinita, de Luiso Berdejo y José Mari Goenagado
- Las herederas, de Marcelo Martinessi
- Las leyes de la termodinámica, de Mateo Gil
- Así habló el cambista, de Arauco Hernández, Martín Mauregui y Federico Veiroj
El veredicto será tomado en los próximos meses.
UN POCO DE HISTORIA SOBRE LOS PREMIOS RAE Y BORAU-RAE
La RAE tuvo desde bien temprano, en 1755, la idea de convocar y premiar creaciones literarias, por lo que fue elaborado un plan «para promover y adelantar la verdadera elocuencia». Sin embargo, el primer concurso fue concretizado en 1788. Con el paso de los años, se consideró que era mejor fusionar todas las iniciativas de las distintas fundaciones, vinculándolas a una única, llegando así al Premio Real Academia Española, instituido el 24 de septiembre de 2003.
De esa forma se incentivaría más la capacidad creativa y contribución por un mejor conocimiento de la lengua y literatura españolas. Todo el formato está integrado en un reglamento que fue aprobado por el Pleno de la Academia el 18 de diciembre de 2003, siendo actualizado el 18 de marzo de 2004.
Sobre el Premio Borau-RAE al mejor guion cinematográfico, este fue instituido el 22 de noviembre de 2012. El premio recibe el nombre del cineasta y académico José Luis Borau (1929-2012) y es otorgado a cada dos años al mejor guion cinematográfico escrito en lengua española, siguiendo las exigencias transcritas en el reglamento. En su primera edición, de 2014, el Premio Borau-RAE fue concedido al guion de la película El artista y la modelo, de Fernando Trueba y Jean–Claude Carrière.
Para más información, vea la página oficial de la RAE: Candidaturas a los premios Real Academia Española y Borau-RAE 2020 y Premios de la RAE.
Vea también:
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Tarde para la ira, Premio Borau-RAE al mejor guion cinematográfico



















Michel de Montaigne
Un estudio y una reflexión de su propia vida como consecuencia de una profunda y cuidada educación humanista brindada por su progenitor. Reflexión esta que se caracteriza por ser una forma de introspección, mediante la cual se puede alcanzar el mejor modo de vivir y, por qué no, de morir.
En su preludio de los Ensayos, Montaigne advierte que su propósito, en tal obra, no es otro que el de hacer una pintura de sí mismo: “Píntome a mí mismo (…) yo mismo soy la materia de mi libro” [1]. Un autorretrato que se va pintando a través de toda su obra sin atisbos de vanidad o presunción, sino más bien con una humildad y una naturalidad dignas de encomio.
La misma naturalidad que le llevará por derroteros contrarios a la retórica tradicional que tanta importancia le ha dado a los sistemas doctrinarios y conceptuales desde tiempos antiguos. Frente a ello, Montaigne busca promover un espíritu vivo y un pensamiento crítico entre sus coetáneos de la Modernidad, así como acontecerá con las generaciones venideras.
Un pensamiento sobre la vida que no la dé por acabada, una vez pensada, sino que se llegue a ver como algo "modelable", vital y, a través del pensamiento y de la escritura, esta sigue siendo múltiples actividades, acto creador y, ante todo, vida. Vida que ha de ser comprendida y reflexionada para seguir desarrollándose y creando, por esto Montaigne escribe sus Ensayos con el designio de “comprender y comprenderse a sí mismo y hacerlo a través de la escritura” [2].
Una escritura como práctica vital que invita a la discusión abierta, al debate y a la divagación acerca de mil y uno temas, ya que su obra trata asuntos tan variados como: la amistad, el amor, la muerte, la filosofía, las enfermedades, los estados de ánimo, la importancia de los clásicos, la mala retórica…, en suma, una obra casi perfecta en la que se nos invita a la reflexión y a la introspección y que tantos pensadores tomarán como ejemplo.
A diferencia de sus contemporáneos, que se caracterizan por el dogmatismo y la racionalidad con la que quieren tratar cualquier tema, el pensador francés invita a la subjetividad y a la intimidad de uno mismo; subjetividad esta que permitirá abrir un diálogo entre él y sus lectores acerca de todo aquello que hemos tenido como cierto hasta el momento y que habremos de poner en tela de juicio mediante un escepticismo moderado.
"Que sais –je?" Esta es la premisa desde la cual hemos de partir, con el fin de comprender mejor todo lo que nos rodea, así como a nosotros mismos. Montaigne es el precursor de una forma de pensar, escribir, sentir y vivir que se caracterizan por romper con una demanda de “sistematicidad filosófica” y “fundamentación racional”, así como con las falsas certidumbres que quieren colocarnos en una banal cotidianidad sin compromiso alguno, llena de banalización, opiniones y hábitos comunes no sometidos a juicio ni reflexión alguna [3].
Así, el ensayo es un género literario, pero sobre todo una actitud de examen continua hacia uno mismo y hacia todo lo que le rodea [4] pues se escribe y reflexiona acerca de las experiencias que van haciendo a uno mismo y que, en cierto modo, le determinarán para no ser el mismo que fue ayer. Pues bien, podemos considerar estos escritos y pensamientos del filósofo francés como una nueva forma de hacer retórica, una buena retórica, que invita al subjetivismo y a la intimidad, a la introspección, a la capacidad de juicio y crítica frente a la retórica tradicional caracterizada por el dogmatismo, los prejuicios y la mentira.
De esa forma, la “nueva retórica” vendría a caracterizarse por no llevar a cabo un discurso filosófico de forma lineal y unívoca, tendiendo a un fin ya impuesto, sino que invita al diálogo de aquel que escribe y aquellos que le leen.
Y es que podemos decir que nuestra cultura occidental descansa sobre los cimientos de su “pensar ensayístico” que desde un primer momento supo invitar al solaz de la introspección como remedio a una retórica tradicional que busca engañar el juicio del pueblo. Y es que buscando la debilidad de juicio y de ánimo de este es como pretende persuadir y convencer a toda costa, haciendo que la esencia de las cosas mismas termine por corromperse [5].
En aquellos Estados donde la reflexión sea errada o nula, allá abundará el arte de la mala retórica o, como dijera Platón, del engaño. Para Montaigne la retórica no es más que un conjunto de expresiones y discursos hueros que tiene éxito en aquellos Estados débiles y enfermizos en los que los oradores engrandecen vilmente el arte de mentir, llegando a usarse con mayor dominio dicho arte antes que las armas [6].
De esta forma, la mala retórica es aquella que se lleva a cabo cuando aquellos que poseen una gran capacidad de elocuencia utilizan las palabras para manipular al pueblo que apenas tiene formado el juicio, pues carece de capacidad crítica.
La retórica que propone Montaigne en su obra, de forma implícita, se caracteriza por su novedad, porque se trata de dar forma a la vida a través de la escritura, porque el autor se propone escribir los Ensayos con la intención de comprender y de comprenderse a sí mismo a través de la escritura [7]; de invitar al diálogo con uno mismo, y del escritor con su lector, con el designio de pensar una vez más las cosas y, si es posible, esta vez en mayor profundidad.
Heredero de una educación clásica latina, el filósofo francés expresa en sus Ensayos el deseo del conocimiento del yo, esto es, de la aprehensión genuina e insustituible. Para que esto se lleve a cabo, procederá, mediante un diálogo con los clásicos, consigo mismo y con el lector, a rechazar todas las ideas y doctrinas establecidas, reprobando toda experiencia ajena, no aceptando, en definitiva, más que su experiencia personal.
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