Actualizando nuestro diccionario

Con la aparición del nuevo diccionario de la lengua española, recibieron luz verde varias palabras de origen inglesa, que hacen referencia, principalmente, al ámbito de las nuevas tecnologías.

Nuevas Palabras del Diccionario RAE

Ya podemos usar, sin que tengamos problema de conciencia, palabras como ‘wifi’ o ‘wi fi’ (junto o separado). Pero, espera ahí, con pronunciación de i latina. Qué raro, ¿no? Llegan también a nuestra lengua ‘tunear’, ‘bíper’, ‘serendipia’, y ‘externalizar’.

Nuevos términos se aplican a la realidad actual. Allí tenemos otras: ‘mileurista’, ‘hipervínculo’ e ‘intranet’. Hacía un tiempo que se usaban, y con frecuencia. Pero, una cosa es que la gente la pronuncie y otra que se reconozca su existencia por medio de un diccionario.

América no se quedó para atrás con sus ideas. También enriqueció el léxico con vocablos como ‘aglomeramiento’, ‘amague’, ‘amigovio’, ‘basurita’ (mugre, sobre todo en el ojo), ‘bicicletería’. Y Pensar que América concentra cerca del 90% de la población que habla español o castellano.

Ya que tenemos ‘wifi’, aprovechemos para ‘externalizar’ nuestras emociones, mientras preparamos algún ‘aglomeramiento’ de palabras. Cuidemos, entonces, que la ‘basurita’ no afecte nuestro pensamiento ni nuestra habla sobre María y Antonio que, con toda seguridad, deben ser ‘amigovios’. Por lo menos fue así que me enteré por medio de un ‘bíper’ que me llegó. Esperamos que nadie se ‘amague’ por lo que decimos.

Destruyendo la barrera lingüística con el Word Lens Translator del Google

El gigante tecnológico con sede en Mountain View, Google, anunció mejoras en su aplicación del Google Translate para que los usuarios puedan comunicarse con cualquier persona del mundo sin importar el lugar en el que se encuentren, incluyendo la China. Imagínese. Traducir un texto que está en chino para su lengua materna en tiempo real (Vea la foto).

El aplicativo del Google, Word Lens, una ayuda a la hora de traducir instantáneamente un texto que está en otro idioma.
El aplicativo del Google, Word Lens, te ayuda a la hora de traducir un texto que está en otro idioma.

Gracias a las mejoras de la aplicación Google Translate, tu smartphone se convertirá en un traductor de bolsillo de última generación. Podrás tomar una foto con la opción de cámara para poder leer los menús de los restaurantes en China. La función ya estaba disponible en más de 35 idiomas, sin embargo, su última actualización la volvió más práctica y veloz.

Función «Word Lens»

Ahora es muy fácil traducir un texto mientras recorres las calles de las ciudades del mundo. Basta con apuntar tu cámara al letrero o al objeto con la frase para que la aplicación la traduzca en tiempo real y sobre el mismo objeto. La función por el momento está disponible para traducciones en Inglés para el francés, alemán, italiano, portugués, ruso y español. Por si fuera poco, puedes utilizarlo sin tener que estar conectado a internet.

Otra de las funciones con las que cuenta el Traductor de Google es el «Modo Conversación», lanzada en noviembre de 2013 y que te permite conversar en tiempo real con una persona que habla en otro idioma. Lo único que necesitas hacer es seleccionar el idioma que hablas y el que deseas traducir, activar el micrófono de la App y simplemente hablar. La otra persona escuchará la frase en el idioma seleccionado y después de que responda, obtendrás la respuesta en español. Esta función está disponible en 38 idiomas.

Estas tecnologías están disponibles para usuarios de iOS y Android. La firma indicó que más de 500 millones de personas usan la herramienta cada mes y se realizan aproximadamente mil millones de traducciones por día.

Basado en: mediotiempo.com y notimundo.com.mx (15/01/2015).

Para bajar el aplicativo vea: Word Lens Translator – Apps para Android no Google Play

Sobre la exclusión de los signos «ch» y «ll» del abecedario español

Dígrafo. [Del griego δίς (transliterado como dís: doble) y γράφω (grafō, gráphō): escribir] es un grupo de dos letras que representan un solo sonido, o uno doble pero africado. Algunos de estos dígrafos corresponden a sonidos no representados por una sola letra en el idioma correspondiente. En español se emplean cinco dígrafos para representar diversos fonemas: ch, ll, rr, gu y qu. 

DígrafosConsiderando esto, la Academia de la Lengua Española, después de estudios profundos, excluyó definitivamente los signos ch y ll del abecedario, porque en realidad no son letras, sino dígrafos. Los dígrafos son la conjunción de dos letras o grafemas que representan un solo fonema, como indicado antes. De esta forma, el abededario del español quedó reducidos a veintisiete letras: a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z.

Esto no singnifica que el idioma esté siendo perjudicado. Al contrario, el idioma español se perfecciona y se actualiza de tal forma que los beneficios son evidentes, facilitando también el trabajo de aprendizaje de nuestro idioma por parte de personas extranjeras que quieren conocer mejor el español o castellano.

Como indica la Academia: «El español se asimila con ello al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus fonemas». Igualmente, la eliminación de los dígrafos ch y ll del inventario de letras del abecedario no significa su abolición del sistema gráfico español. Al contario, estos signos duplos continuarán siendo usados como ha sido durante todo ese tiempo: «el dígrafo ch en representación del fonema /ch/ (chico [chíko]) y el dígrafo ll en representación del fonema /ll/ o, para hablantes yeístas, del fonema /y/ (calle [kálle, káye])», dice la Academia.

Estos dígrafos, dentro de la estructura del diccionario, por ejemplo, son agrupados en sus respectivos lugares, tal como siempre ha sido. Así que los efectos negativos de este cambio son relativamente insignificantes, si acaso existe.

La decisión de excluir los signos ch y ll del abecedario fue adoptada en el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en 1994 y es válido desde entonces.

Ref. RAE: Exclusión de ch y ll del abecedario (http://www.rae.es/consultas/exclusion-de-ch-y-ll-del-abecedario)
Nota:

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Ortografía de la lengua española (2010), tapa rústica, primera edición impresa en México, Editorial Planeta Mexicana, S. A. de C. V., bajo el sello editorial ESPASA M.R., México D.F., marzo de 2011, páginas 64 y 65, dice:

Letras y dígrafos: el estatus de ch y ll

Como ya se ha explicado (v. § 5.2), solo son propiamente letras los grafemas, esto es, los signos gráficos simples. Por esta razón, no deben formar parte del abecedario las secuencias de grafemas que se emplean para representar ciertos fonemas.
En español, además de las veintisiete letras arriba indicadas, existen cinco dígrafos o combinaciones de dos letras, que se emplean para representar gráficamente los siguientes fonemas:
a) El dígrafo ch representa el fonema /ch/: chapa, abochornar.
b) El dígrafo ll representa el fonema /ll/ (o el fonema /y/ en hablantes yeístas): lluvia, rollo.
c) El dígrafo gu representa el fonema /g/ ante e, i: pliegue, guiño.
d) El dígrafo qu representa el fonema /k/ ante e, i: queso, esquina.
e) El dígrafo rr representa el fonema /rr/ en posición intervocálica: arroz, tierra.
Desde la segunda edición de la ortografía académica, publicada en 1754, venían considerándose letras del abecedario español los dígrafos ch y ll (con los nombres respectivos de che y elle), seguramente porque cada uno de ellos se usaba para representar de forma exclusiva y unívoca un fonema del español (antes que la extensión del yeísmo alcanzara los niveles actuales y diera lugar a que hoy el dígrafo ll represente dos fonemas distintos, según que el hablante sea o no yeísta). Es cierto que se diferenciaban en esto de los demás dígrafos, que nunca han representado en exclusiva sus respectivos fonemas: el fonema /g/ lo representa también la letra g ante a, o, u (gato, goma, gula); el fonema /k/ se escribe además con c ante a, o, u y con k (cama, cola, cuento, kilo, Irak); y el fonema /rr/ se representa con r en posición inicial de palabra o detrás de consonante con la que no forma sílaba (rama, alrededor, enredo).
Sin embargo, este argumento no es válido desde la moderna consideración de las letras o grafemas como las unidades mínimas distintivas del sistema gráfico, con independencia de que representen o no por sí solas una unidad del sistema fonológico. Por lo tanto, a partir de este momento, los dígrafos ch y ll dejan de ser considerados letras del abecedario español, lo cual no significa, naturalmente, que desaparezcan de su sistema gráfico; es decir, estas combinaciones seguirán utilizándose como hasta ahora en la escritura de las palabras españolas. El cambio consiste, simplemente, en reducir el alfabeto a sus componentes básicos, ya que los dígrafos no son sino combinaciones de dos letras, ya incluidas de manera individual en el inventario. Con ello, el español se asimila al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus fonemas.

Dígrafos en otros idiomas

albanês: dh, gj, ll, nj, rr, sh, th, xh, zh.

alemán: ie, ei, eu, äu, ch, ck, ph, th (trígrafo sch; los cuadrígrafos tsch e dsch)

bieloruso (alfabeto Łacinka): dz, dź, dž.

catalán: ll, ny, l•l, rr, ss, dz, tz, ig, ix, gu, qu, nc.

checo: ch.

eslovenio: ch, dz, dž.

español: ch, ll, rr, qu, gu.

flamengo: ae, ch, dj, ea, jh, oe, oi, sh, xh (los trígrafos oen, sch, tch).

francés: gn, ll, eu, ai, ou, qu, gu, ch, en, au, em, ie, th (los trígrafos eau, aux; el cuadrígrafo eaux).

galés: ch, dd, ff, ng, ll, ph, rh, th.

húngaro: cs, dz, gy, ly, ny, sz, ty, zs (el trígrafo dzs).

inglés: ch, gh, th, sh, rh, ph, wh, ow, ea, ee, oo, qu, gu, ck, kn, dg, si , ss, ti (los trígrafos tch y ssi).

italiano: ch, gh, gn, sc, ci, gi (los trígrafos sci y gli).

lituano: ch, dz, dž, ie, uo.

maltés: għ.

polaco: ch, cz, dż, dź, sz, rz.

¿Qué palabra es esa?

Existen algunas palabras tan poco usadas que muchos piensan que ni existen, si da para pensar en algo que no existe, a no ser que se hable de tal. Así vemos que cuando alguien nos habla sobre una palabra que suena extraña a nuestros oídos, lo primero que nos viene a la mente es: “¿Qué palabra es esa?”
Odorante & Desodorante
Odorante & Desodorante

Sin embargo, cuando nos adentramos en una conversa con la gente del pueblo, nos quedamos maravillados ante tamaña creatividad. Sí, el populacho tiene una habilidad increíble de crear nuevas palabras, algunas de las cuales pueden ser tan populares, que con el tiempo llegan a formar parte del argot popular. De esa forma, obligan a los estudiosos a ver la necesidad de definirlas mediante normas gramaticales y regimentales. 

La lengua es eso: una eterna evolución de la palabra y del pensamiento, quién sabe. Ya reconocen esto los grandes estudiosos del fenómeno lingüístico. 

Por ejemplo, ¿ya escuchó hablar sobre la palabra “odorante”? ¿Y “desodorante”? El Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe define la palabra “desodorante” de la siguiente forma: “adj. y m. [Producto] que destruye los olores, especialmente los corporales, molestos y desagradables”.

 Odorante:

Pronunciación:  [ o.ðoˈɾan̪.te ] (AFI)

Etimología: del latín odōrans, odōrantis.

Adjetivo

  Singular Plural
Masculino odorante odornates
Femenino odorante odorantes

Que produce olor, aroma, fragancia.

  • Uso: se emplea también como sustantivo (sustancia para producir aroma).
  • Sinónimos: fragante, oloroso.
  • Relacionados: aromatizante, desodorante.

Cognados:  odorable, odorante, odorato, odorífero, odorífico, oler, oledero, oledor, olfatear, olfateo, olfativo, olfato, olfatorio, oliente, olor, olorizar, oloroso, desodorizar, desodorante, desodorizante, inodoro, maloliente.

VV. AA. (1914). «odorante», en Real Academia Española: Diccionario de la lengua castellana, decimocuarta edición, Madrid: Sucesores de Hernando, pág. 728.

Imprimido, Impreso, Freído, Frito

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El significado de la palabra «Google»

¿Qué tal aprender algo interesante hoy? Por ejemplo, todo el mundo usa el navegador de Google para investigar, estudiar o simplemente aprender algo nuevo. Pero, ¿qué significa la palabra «Google» que tanto usamos? ¿Cuál es su origen? Este vídeo nos da una idea. Si bien le parece, puede ver la opinión de uno de los científicos más famosos de los últimos tiempos: Carl Sagan.

Página inicial o portada mejor que «home».

Cuál es el origen de la palabra «gringo»

Gringo es gringo.

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de donde viene gringo

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El «lexitonto»

ImagenLa creación de términos nuevos en el lenguaje cotidiano está dada por la necesidad de nombrar a los nuevos objetos que aparecen en el ámbito cultural. Podemos establecer una clasificación arbitraria y tomar como ejemplo tres enfoques: la publicidad ha dado lugar a los sustantivos comunes como «gilete», «curita», «winco»; la jerga del lunfardo, «trucho», «cajonear», «porro», y la tecnología, «computación», «chat», «celular», entre otros.
     En este sentido, lo que prevalece en el lenguaje es su aspecto dinámico para la conformación de nuevas palabras, o bien llegar a modificar su significado, aceptado por la mayoría de los usuarios.
     Un ejemplo típico es el caso de «evento». Al transforme su significación, en la actualidad se remite a cualquier acto programado: fiesta, espectáculo, conferencia, etcétera, en un sentido opuesto al original. Esta arbitrariedad, surgida por desconocimiento, omisión o cualquier otro hecho, conforma una muestra clara de que el idioma no es estático, sino que los vocablos pueden adquirir una nueva variante de acuerdo con su uso.
     También podemos dar rienda suelta a nuestra imaginación y establecer un nuevo tipo de relaciones entre un sustantivo y un adjetivo para dar origen a una palabra compuesta y así crear un léxico nuevo, como el «lexitonto», con una carga semántica muy particular.
     La «preguntonta» aparece como una pregunta ingenua, a la que muchos reclaman una correcta interpretación: «No existe la pregunta tonta, sino tonto es aquel que no pregunta». Sea como fuere, el resultado puede ser ambiguo, puesto que la duda surge y la «preguntonta» cubre este bache, a veces con un planteo trivial, y en otras ocasiones se transforma en una cuestión filosófica, en la cual se apodera de una explicación más profunda.
     Otro caso se da con el «chistonto». La persona que cuenta un chiste no siempre consigue darle un buen remate, o bien la broma es tan «archiconocida» que ya no causa gracia. Ejemplo: «Había-un-aves-truz». Cuando el espectador se queda con una cara de «espanto» por no haberlo entendido, el que cuenta se lo debe explicar. Este argumento tan rebuscado se transforma en el «chistonto». Si se consigue como efecto que la otra persona lo interprete y le cauce gracia, adquiere su razón de ser.
     La «consultonta» integra esta amplia galería, en la que se tienen en cuenta dos aspectos. El primero se relaciona con la obviedad, o con aquel dato que fue enunciado, pero que pasó inadvertido; el segundo cobra el efecto de la «preguntonta», al aparecer el misterio como una fuerza impulsora. Quizás en aquello que se omitió, o se dijo al pasar, surge lo más importante de todo el planteo, que necesita reverse de una manera coherente.
     La «anecdotonta» es otro de los matices. Si bien se puede hacer un paralelo con aquella publicidad referida a los «acné-dotas», en la que se remarcaba una situación trivial, problematizado por un adolescente que padecía acné, la «anecdotonta» se instala en una nueva interpretación. El hecho referido puede representar una situación real, pero que se narra desde un enfoque paradójico. Su efecto pasa por contar una serie de argumentos, con rasgos humorísticos, al igual que un melodrama, con un estilo muy sutil. De esta manera, el «lexitonto» puede ampliarse con otros términos de uso común, incluidos en el ámbito de la tontería, dichos con gracia y creatividad. Veamos el siguiente ejemplo.
     Hacía tiempo que no veía a un viejo amigo –la ambigüedad tiene su razón de ser: mi amigo me lleva más de veinte años– y después de una amena charla, descubrí un pequeño gran detalle: no lucía sus gafas como acostumbraba hacerlo desde que lo conocí –aclaro que hace más de 30 años–.
     Mi amigo me comentó el gran cambio. Se había curado de su miopía, gracias a una receta casera, natural, conocida como el «té de alpiste». Aprovechó la ocasión para revelarme el secreto y, en seguida, puse manos a la obra.
     Hice todos los procedimientos en forma correcta. Herví un litro de agua, eché en el recipiente cuatro cucharadas de alpiste y lo dejé reposar toda la noche. Por la mañana, colé las semillas y las tiré al tarro de residuos. Todos los días, en ayunas, me tomaba un vaso de esa agua colorida que tenía gusto a nada. Esperaba cuarenta minutos y luego desayunaba.
     Con el tiempo, los progresos en mi visión fueron notables. Mis lentes recetados pasaron a causarme una molestia. Ya no los necesitaba para leer, pero sí para ver de lejos.
     Contento con los primeros avances, empecé a difundir entre mis familiares y conocidos los mágicos beneficios del alpiste. Fue tal la telaraña de comentarios que cayó la primera víctima: mi hermana. Muy confiada, siguió las instrucciones al pie de la letra, pero con distintos imprevistos. Comenzó a sentir gastritis, la visión desdoblada y una extraña sensación de «asquito», por lo que decidió dejar de tomarlo a los quince días. Al no entender sus razones, volví a la carga con una artillería pesada de justificaciones: le faltaba tiempo, era muy ansiosa e impulsiva, etcétera.
     Igualmente, consideré que esta situación era un pequeño fracaso y no una derrota napoleónica. Así como confiaba en mi amigo, por haber comprobado fehacientemente los resultados, también pensé que los demás se harían eco de mi consejo. Por suerte no fue así. Una amiga, a quien se lo recomendé, había consultado por Internet este fantástico hallazgo, con sutiles beneficios que me sorprendieron. Lo que más me llamó la atención fue escuchar su «alterada» voz, diciéndome del error que había cometido. Después de agradecérselo, preparé la receta como correspondía.
     Puse en remojo las cucharadas de alpiste toda la noche. La variante se daba en los pasos posteriores. Tenía que tirar el agua, sacar las semillas y licuarlas con agua fría, previamente hervida, hasta que se formara un líquido blanco. Luego colaba la preparación en otro recipiente y de nuevo la volvía a colar con un filtro de tela para quitar todos los residuos. Hecho esto correctamente, empecé a tomar un vaso en ayunas, todos los días.
     Este acontecimiento me dejó grandes enseñanzas: tener que dudar siempre de aquellas recetas mágicas y averiguar de antemano acerca de sus resultados; tomar la iniciativa de hacer los procedimientos adecuados y no quedarme sólo con una explicación general; y por último, darme cuenta de que mis «amigos» pueden equivocarse, más si están atravesando por la etapa de la senectud, en que la memoria puede jugar malas pasadas.
     Esta «anecdotonta» del té de alpiste me ha transformado. Quizás por mi desenfrenada carrera por dejar los anteojos no haya podido ver la situación con claridad, puesto que mi mejoría se debía, principalmente, a una cura por sugestión. Lo que sí pude demostrar es que tengo un estómago a toda prueba. En cuatro meses de tratamiento, todas las mañanas, ingería agua sucia.
Tomado de: Jorge Marín (J. Marín es periodista, escritor y docente especializado en ciencias de la comunicación. Autor de Los cuentos de Germán (relatos), Mythos (ensayo) y El mufa (teatro)).

Los apellidos de origen judío en España y América Latina

Este vídeo nos presenta información sobre la presencia de judíos en la Península Ibérica, quienes llegaron en siglos pasados y se ubicaron en diferentes partes de la actual España y Portugal. De estos proceden muchas familias que legaron sus nombres y apellidos. Unos 2000 años atrás, judíos presos, esclavos de los romanos, llegaron a Sefarad (España).

Posiblemente, entraron por el Cabo Gallego de Finisterre, que en latín significa «Fin de la Tierra». En Galicia, se asentaron judíos sefarditas; otros se instalaron en otros países. Según explican algunos teóricos, varios de los judíos fueron llevados a Babilonia, Mesopotamia, otros fueron traídos a España. Estos, parece ser, recibieron el nombre de «Sefarad», que se dice significa «lejísimo». 

Este trabajo trata de explicar el origen de muchos de los apellidos judíos que existen en España y que perduran hasta la actualidad.