Uso de la letra «r» en español

Avatar de Eleazar J. IsavaEspañol al Día

  • La letra r puede representar dos fonemas distintos. Esto va a depender de la posición de la en la palabra. En palabras como: aro, cerca, traje, se percibe una variación en la entonación de la consonante.
  • La r detrás de los prefijos ab-, sub- post-pertenece a una sílaba diferente y el sonido que representa es múltiple (ej.: abrograr, subrogar, subrayar, postromántico.
  • La r sencilla, al inicio de palabra, y la antecedida por una consonante que no pertenece a la misma sílaba, representa una vibrante múltiple (como acontece en el caso de las palabras “ratón” y “alrededor”).
  • En la posición intervocálica y final de sílaba, así como en los grupos consonánticos “br”, “cr”, “dr”, “gr”, “kr”, “pr” y “tr”, representa el fonema vibrante simple (ej.: “caro” y “brisa”).
  • Todas las palabras que tienen el sonido vibrante simple en posición intervocálica o después de b, c…

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Diccionario de Autoridades

La edición facsimilar del «Diccionario de la lengua castellana», conocido como el «Diccionario de autoridades», es una reproducción del primer repertorio lexicográfico publicado por la Real Academia Española en seis tomos, aparecidos entre 1726 y 1739. La obra, recuperada en esta versión por JdJ Editores, sale otra vez de la imprenta con motivo del III Centenario de la corporación, creada en 1713.

Más información: http://www.facsimilesrae.com

El abecedario de la lengua española

El abecedario del español está hoy formado por veintisiete letras, que se recomienda denominar como escribimos entre paréntesis: a, A (a), b, B (be), c, C (ce), d, D (de), e, E (e), f, F (efe), g, G (ge), h, H (hache), i, I (i), j, J (jota), k, K (ka), l, L (ele), m, M (eme), n, N (ene), ñ, Ñ (eñe), o, O (o), p, P (pe), q, Q (cu), r, R (erre), s, S (ese), t, T (te), u, U (u), v, V (uve), w, W (uve doble), x, X (equis), y, Y (ye), z, Z (zeta) (OLE, 2010, p. 63).

Abecedario del Idioma Español

Además de estas veintisiete letras (cinco vocales y veintidós consonantes), existen cinco dígrafos o combinaciones de dos letras: ch (chapa), ll (lluvia), gu (guiño), qu (queso), rr (denominada doble erre: arroz). Desde 1754 hasta 2010 los dígrafos ch y ll se consideraron letras del abecedario español, aunque desde 1994 habían pasado a ordenarse en los diccionarios no como letras independientes, sino dentro de c y l, respectivamente (chicha después de cetro, pero antes que cianuro; pulla entre pulir y pulmón).

NOVEDAD: Las letras ya no son 29 sino 27. Hay libertad para seguir denominándolas como antes (ye o i griega; uve o be corta o be chica, pero no se llama *ere a la vibrante simple, sino erre.

Nota: En la imagen dejamos las 29 letras a modo de ilustración (ch y ll son considerados dígrafos).

https://www.youtube.com/watch?v=ZHpkT4KUlyc

Con el puño cerrado

La expresión puño cerrado es redundante, pues puño ya significa ‘mano cerrada’, tal como señala el Diccionario académico. En este sentido, según la definición del Diccionario académico, puño es ‘mano cerrada’. También, aunque el uso de puño cerrado se puede considerar una redundancia admisible con función de énfasis, conviene recordar que no siempre es necesario precisarlo.

Puño

De esta forma, en noticias como: «Golpeó a su víctima en la cabeza con el puño cerrado» existe un error de redundancia. En el ejemplo anterior podría haberse dicho apropiadamente: «Golpeó a su víctima en la cabeza con el puño».

Así que la próxima vez que fuésemos a usar la mano, debemos de tener cuidado de darnos un golpe a nosotros mismos con ‘el puño cerrado’.

Tomado de: http://www.fundeu.es/recomendacion/puno-cerrado-es-redundante/

Apalabrados

Este juego de palabras, que en 2012 recibió el premio el juego del año en la AppStore, sin duda ha tenido un éxito colosal, y de hecho podríamos decir que a raíz de su salida comenzó una moda por este tipo de títulos multijugador de estilo Scrabbble. Estamos hablando de Apalabrados, uno de los juegos que más descargas acumulan en Google Play. Fue también de los primeros en hacer que se desarrollasen aplicaciones específicas para ganar a nuestro ‘oponente’ haciendo “trampas” como el Resuelve Apalabrados.

apalabrados

La interfaz es sencilla pero completamente adecuada, fácil de usar y con una fluidez muy buena. Además, nos permite jugar hasta en 12 idiomas distintos: español, inglés, inglés británico, catalán, francés, alemán, italiano, holandés, sueco, portugués, portugués brasileño y euskera.

Para descargar descargar Apalabrados gratis en varias plataformas, clique sobre la imagen:

  • Apalabrados para Android:

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Google Play

Apalabrados

Desarrollador: Etermax

Precio: Gratis

¿Es sexista el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española – DRAE

¿Es sexista el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española - RAE

La polémica vuelve a salpicar a la Real Academia de la Lengua tras publicarse en diferentes medios que la reconocida institución recoge los adjetivos ‘débil’ y ‘endeble’ en la acepción de «femenino», y los de ‘varonil’ y ‘enérgico’ en la de «masculino». En la próxima edición del Diccionario, la del 2014, que sustituirá a la vigente actualmente, ambas acepciones ya han sido modificadas por la RAE.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua (DRAE), «periquear» se utiliza cuando «una mujer disfruta de excesiva libertad» y un «huérfano» es «una persona de menor edad a quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre». Es posible que a estas alturas ya estés tirándote de los pelos, pero hay más. Según el Diccionario, una de las acepciones de «femenino» es ‘débil, endeble’ y de «masculino», ‘varonil, enérgico’.

Sin embargo, muchos y muchas se llevaron las manos a la cabeza cuando los medios publicaban las acepciones de «masculino» y «femenino». No es para menos. Pero la cuestión es si obedece a un sesgo ideológico machista por parte de quienes elaboran el Diccionario o se trata de una institución anacrónica que mantiene acepciones que no corresponden a la época actual.

El primer diccionario que publica la Academia es el llamado de autoridades, entre 1726 y 1739. El actual está en parte contaminado por prejuicios y adherencias de aquel. «El DRAE sigue siendo el tataranieto del Diccionario de autoridades. Uno de sus problemas no es lo que le falta, sino lo que le sobra», aseguraba el académico de la RAE Pedro Álvarez de Miranda en una entrevista.

Es la opinión que también defiende Jesucristo Riquelme, doctor en Filología Hispánica y académico de honor en la Academia Internacional de Ciencias, Tecnología, Educación y Humanidades (AICTEH). «El DRAE, en su última edición, todavía hereda múltiples facetas obsoletas de la vida. Que recoja términos antiguos, o insista en ellos, no favorece el avance en la comunicación. ¿Qué adelantamos ahora con incluir «crocodilo» o «murciégalo», a pesar de que su origen fuera este?», argumenta Riquelme. El lingüista califica el lema de la RAE de «anacrónico». Reconoce: «La lengua sigue afortunadamente viva».

«Hombre» y «mujer»

Pero, ¿por qué entonces la Academia mantiene todavía acepciones como las de «femenino» o «masculino»? «Probablemente el motivo, no confeso, consiste en que la sociedad así lo usa, y que este uso es mayoritario en ambos sexos», sostiene el académico de la AICTEH.

Eulàlia Lledó, doctora en Filología Románica, apunta que «a los académicos esta manera de definir les gusta. Encuentran estas acepciones adecuadas, acertadas». La RAE se defiende: «Se ve que no es así porque ya han sido modificadas».

Fuente: Noemí López Trujillo (Adaptado. Leer más gonzoo.com)

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Diagrama de los prefijos

Diagrama de los prefijos

Monosílabos

monosílabos

Los monosílabos ortográficos no se tildan nunca, salvo en los casos de tilde diacrítica. En concreto, ya no se tildan las palabras en las que todas sus vocales forman un diptongo o un triptongo ortográfico (antes se admitía como excepción). Ejemplo: guion, Sion, ion, prion, truhan, frio, friais, lie, lio, liais, hui, huis (ahora no se escribe guión, Sión, ión, prión, truhán, frió, friáis, lié, lió, liáis, huí, huís).
Con voseo: fias, lia (y no fiás, liá) – RAE.

Manual ortográfico para escribir correctamente en Internet

Presentación del primer manual práctico en español para internet «Escribir en internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales», elaborado por la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), dirigido por Mario Tascón y editado por Galaxia Gutenberg.

El «lexitonto»

ImagenLa creación de términos nuevos en el lenguaje cotidiano está dada por la necesidad de nombrar a los nuevos objetos que aparecen en el ámbito cultural. Podemos establecer una clasificación arbitraria y tomar como ejemplo tres enfoques: la publicidad ha dado lugar a los sustantivos comunes como «gilete», «curita», «winco»; la jerga del lunfardo, «trucho», «cajonear», «porro», y la tecnología, «computación», «chat», «celular», entre otros.
     En este sentido, lo que prevalece en el lenguaje es su aspecto dinámico para la conformación de nuevas palabras, o bien llegar a modificar su significado, aceptado por la mayoría de los usuarios.
     Un ejemplo típico es el caso de «evento». Al transforme su significación, en la actualidad se remite a cualquier acto programado: fiesta, espectáculo, conferencia, etcétera, en un sentido opuesto al original. Esta arbitrariedad, surgida por desconocimiento, omisión o cualquier otro hecho, conforma una muestra clara de que el idioma no es estático, sino que los vocablos pueden adquirir una nueva variante de acuerdo con su uso.
     También podemos dar rienda suelta a nuestra imaginación y establecer un nuevo tipo de relaciones entre un sustantivo y un adjetivo para dar origen a una palabra compuesta y así crear un léxico nuevo, como el «lexitonto», con una carga semántica muy particular.
     La «preguntonta» aparece como una pregunta ingenua, a la que muchos reclaman una correcta interpretación: «No existe la pregunta tonta, sino tonto es aquel que no pregunta». Sea como fuere, el resultado puede ser ambiguo, puesto que la duda surge y la «preguntonta» cubre este bache, a veces con un planteo trivial, y en otras ocasiones se transforma en una cuestión filosófica, en la cual se apodera de una explicación más profunda.
     Otro caso se da con el «chistonto». La persona que cuenta un chiste no siempre consigue darle un buen remate, o bien la broma es tan «archiconocida» que ya no causa gracia. Ejemplo: «Había-un-aves-truz». Cuando el espectador se queda con una cara de «espanto» por no haberlo entendido, el que cuenta se lo debe explicar. Este argumento tan rebuscado se transforma en el «chistonto». Si se consigue como efecto que la otra persona lo interprete y le cauce gracia, adquiere su razón de ser.
     La «consultonta» integra esta amplia galería, en la que se tienen en cuenta dos aspectos. El primero se relaciona con la obviedad, o con aquel dato que fue enunciado, pero que pasó inadvertido; el segundo cobra el efecto de la «preguntonta», al aparecer el misterio como una fuerza impulsora. Quizás en aquello que se omitió, o se dijo al pasar, surge lo más importante de todo el planteo, que necesita reverse de una manera coherente.
     La «anecdotonta» es otro de los matices. Si bien se puede hacer un paralelo con aquella publicidad referida a los «acné-dotas», en la que se remarcaba una situación trivial, problematizado por un adolescente que padecía acné, la «anecdotonta» se instala en una nueva interpretación. El hecho referido puede representar una situación real, pero que se narra desde un enfoque paradójico. Su efecto pasa por contar una serie de argumentos, con rasgos humorísticos, al igual que un melodrama, con un estilo muy sutil. De esta manera, el «lexitonto» puede ampliarse con otros términos de uso común, incluidos en el ámbito de la tontería, dichos con gracia y creatividad. Veamos el siguiente ejemplo.
     Hacía tiempo que no veía a un viejo amigo –la ambigüedad tiene su razón de ser: mi amigo me lleva más de veinte años– y después de una amena charla, descubrí un pequeño gran detalle: no lucía sus gafas como acostumbraba hacerlo desde que lo conocí –aclaro que hace más de 30 años–.
     Mi amigo me comentó el gran cambio. Se había curado de su miopía, gracias a una receta casera, natural, conocida como el «té de alpiste». Aprovechó la ocasión para revelarme el secreto y, en seguida, puse manos a la obra.
     Hice todos los procedimientos en forma correcta. Herví un litro de agua, eché en el recipiente cuatro cucharadas de alpiste y lo dejé reposar toda la noche. Por la mañana, colé las semillas y las tiré al tarro de residuos. Todos los días, en ayunas, me tomaba un vaso de esa agua colorida que tenía gusto a nada. Esperaba cuarenta minutos y luego desayunaba.
     Con el tiempo, los progresos en mi visión fueron notables. Mis lentes recetados pasaron a causarme una molestia. Ya no los necesitaba para leer, pero sí para ver de lejos.
     Contento con los primeros avances, empecé a difundir entre mis familiares y conocidos los mágicos beneficios del alpiste. Fue tal la telaraña de comentarios que cayó la primera víctima: mi hermana. Muy confiada, siguió las instrucciones al pie de la letra, pero con distintos imprevistos. Comenzó a sentir gastritis, la visión desdoblada y una extraña sensación de «asquito», por lo que decidió dejar de tomarlo a los quince días. Al no entender sus razones, volví a la carga con una artillería pesada de justificaciones: le faltaba tiempo, era muy ansiosa e impulsiva, etcétera.
     Igualmente, consideré que esta situación era un pequeño fracaso y no una derrota napoleónica. Así como confiaba en mi amigo, por haber comprobado fehacientemente los resultados, también pensé que los demás se harían eco de mi consejo. Por suerte no fue así. Una amiga, a quien se lo recomendé, había consultado por Internet este fantástico hallazgo, con sutiles beneficios que me sorprendieron. Lo que más me llamó la atención fue escuchar su «alterada» voz, diciéndome del error que había cometido. Después de agradecérselo, preparé la receta como correspondía.
     Puse en remojo las cucharadas de alpiste toda la noche. La variante se daba en los pasos posteriores. Tenía que tirar el agua, sacar las semillas y licuarlas con agua fría, previamente hervida, hasta que se formara un líquido blanco. Luego colaba la preparación en otro recipiente y de nuevo la volvía a colar con un filtro de tela para quitar todos los residuos. Hecho esto correctamente, empecé a tomar un vaso en ayunas, todos los días.
     Este acontecimiento me dejó grandes enseñanzas: tener que dudar siempre de aquellas recetas mágicas y averiguar de antemano acerca de sus resultados; tomar la iniciativa de hacer los procedimientos adecuados y no quedarme sólo con una explicación general; y por último, darme cuenta de que mis «amigos» pueden equivocarse, más si están atravesando por la etapa de la senectud, en que la memoria puede jugar malas pasadas.
     Esta «anecdotonta» del té de alpiste me ha transformado. Quizás por mi desenfrenada carrera por dejar los anteojos no haya podido ver la situación con claridad, puesto que mi mejoría se debía, principalmente, a una cura por sugestión. Lo que sí pude demostrar es que tengo un estómago a toda prueba. En cuatro meses de tratamiento, todas las mañanas, ingería agua sucia.
Tomado de: Jorge Marín (J. Marín es periodista, escritor y docente especializado en ciencias de la comunicación. Autor de Los cuentos de Germán (relatos), Mythos (ensayo) y El mufa (teatro)).