«por cuanto» vs «por cuanto que»

Por cuanto, expresión que tiene valor causal y equivale a porque, no va seguida de la conjunción que, según se señala en el Diccionario panhispánico de dudas.

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Modelo de conjunciones

Sin embargo es común encontrar esta construcción en los medios de comunicación: «El hecho no debía haberse producido por cuanto que España no tiene acuerdo con Marruecos» o, «Las predicciones aún no son muy de fiar por cuanto que se trata de modelos numéricos».

Tal y como se afirma en la gramática académica, la locución conjuntiva por cuanto que no se ha extendido en la lengua culta, razón por la cual estos usos no resultan recomendables.

Lo adecuado en los ejemplos anteriores, por tanto, habría sido escribir: «El hecho no debía haberse producido por cuanto España no tiene acuerdo con Marruecos» y «Las predicciones aún no son muy de fiar por cuanto se trata de modelos numéricos».

Adaptado de: http://www.fundeu.es/recomendacion/por-cuanto-no-por-cuanto-que/

Ortografía súper fácil del español

El especialista en lingüística e investigador español, Leonardo Gómez Torrego, es el autor del manual «Ortografía súper fácil de la lengua española», editado por Espasa. Gómez asegura que este texto ayuda a resolver en un minuto todas las dudas sobre cómo escribir correctamente en español.

La obra está compuesta de 63 páginas. Es un pequeño manual de profundo contenido, caracterizado, al mismo tiempo, por su lenguaje claro y conciso. Resume las normas de la lengua española que actualmente están en vigencia y responde de forma rápida las inquietudes de cualquier persona que pudiera estar incomodada con alguna duda causada por una frase, palabra o expresión.

Este trabajo dispone de pequeños capítulos que hablan sobre la ortografía de las letras, las sílabas y las palabras. También contiene reglas de acentuación y puntuación. Dudas como: ¿qué diferencia existe entre por que, porqué y por qué? ¿El adverbio solo lleva acento [sólo]? ¿Cómo debemos escribir la palabra: «arcoíris» o «arco iris»?

Gómez Torrego es investigador de Instituto de Lengua, Literatura y Antropología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y autor de varios libros sobre lingüística como “Ortografía práctica del español”, “Las normas académicas: últimos cambios” o “Hablar y escribir correctamente”.

 (Agencia EFE)

El laísmo del leísmo

El laísmo es el uso de los pronombres personales "la" y "las" en función de objeto indirecto para referentes del género femenino, en lugar de las formas estándar "le" y "les". En ciertos dialectos del español, el laísmo es un fenómeno extendido.

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Uso normativo

La lengua castellana mantiene la antigua declinación latina y uso de los casos latinos en los pronombres personales. La evolución de la lengua castellana tiende a la eliminación total de los casos latinos. Las variantes laistas han profundizado en esta tendencia y tienden a neutralizar la diferencia entre el acusativo (completo acusativo) y el dativo (complemento indirecto), en favor de la distinción de género.

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Esto se traduce en el uso de la y las en función de complemento (objeto) indirecto; cuando el referente es femenino, en vez del le y les, usado en las variedades no laistas. Así, en áreas laistas son comunes formas como:

la dolía la cabeza (variedad laísta) (‘[a ella] le dolía la cabeza’)
las dolía la cabeza (variedad laísta) (‘[a ellas] les dolía la cabeza’)

Un caso más interesante es la diferente interpretación que puede hacerse de ciertas oraciones en variedades laistas y no laistas, así en un área laista, una oracióncomo:

La pegué

Al ser oído por un hablante de una variedad no-laista, el pronombre es interpretado como ‘una cosa’ referida fue pegada (con un adhesivo) y no "golpeada", que es lo que el "laísta" quería decir.1

El le indirecto es ambiguo; para quitar la ambigüedad utilizamos un segundo pronombre con preposición:

Dale un beso, a ella (a él).

La Real Academia Española se pronunció en contra del laísmo en el año 1796, por lo que su uso no es normativo y está restringido al uso dialectal en las variedades laistas. Ocasionalmente en los medios, especialmente los que están redicados en la ciudad de Madrid, se observan usos laistas no normativos o "deslices", que indican la presencia de hablantes laistas en esas áreas.

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Variedades laístas

  • El laísmo es frecuente en el dialecto madrileño: A ella, la dolía la cabeza (en lugar de: A ella, le dolía la cabeza) o A ella, la dije que se fuera al cine (en lugar de: A ella, le dije que se fuera al cine).
  • El laísmo también es frecuente en Castilla y León, sobre todo en la provincia de Palencia. Asimismo es utilizado en Santander capital y sus alrededores.

Notas

  1. Aunque la RAE no dice que este uso sea incorrecto (como sí hace con el resto de laísmos), lo desaconseja, basándose en su uso localizado a zonas tradicionalmente laístas.

Abreviatura de «metros sobre el nivel del mar»

¿Cuál es la forma correcta de escribir «metros sobre el nivel del mar»: «m.s.n.m.» (con punto después de cada letra y sin separación); «m. s. n. m.» (con punto después de cada letra y con separación); «msnm» (sin punto después de cada letra y sin separación)?

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La Real Academia de la Lengua Española indica que aunque se usa mucho «msnm», hay que observar las normas internacionales de escrita de unidades físicas (ISO 80000 y SI). Estas normas no permiten cambiar símbolos con abreviaturas. Por tanto, es mejor escribir «m s. n. m.», con la «m» (símbolo de metro) sin punto. Las otras letras, «s. n. m.» son separadas una de la otra después del punto. La misma regla aplica a unidades como «km», que sería escrito «km s. n. m.».

Ref.:

http://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2010-927

Haz clic para acceder a si_brochure_8_en.pdf

Haz clic para acceder a SIU8edes.pdf

http://www.inti.gov.ar/fisicaymetrologia/sistemas.htm

La importancia de los signos de apertura de frases

La importancia de los signos de apertura de frases

Los signos de apertura de interrogación y exclamación existen
(del blog de Toni En Blanc)

Por influencia del inglés, comodidad o desconocimiento, los signos de apertura (¿ ¡) pasan de vez en cuando a un segundo plano. Para muchas personas el desuso de estos símbolos parece lógico, pero nada más lejos de la realidad: sin ellos no podríamos preguntar, no podríamos asombrarnos y no podríamos exclamar correctamente. Y aunque parezca una exageración, esta afirmación no es errónea.

Al contrario que la lengua de Shakespeare (u otros idiomas), el castellano, para nuestra desgracia o fortuna, no tiene una forma gramatical evidente e irrefutable de indicar siempre el inicio de una pregunta. Lo mismo ocurre con las oraciones exclamativas —en esta caso también en el caso del inglés—: no hay forma de identificarlas en español y, además, pueden ser iguales a las oraciones enunciativas, imperativas, dubitativas…, que no tienen señal alguna.

Y no vale pensar que con el símbolo de cierre basta porque lo vemos al final de la oración y ya advertimos su entonación. Primero, porque nuestra agudeza visual es limitada; y segundo, porque en preguntas o exclamaciones especialmente largas, ver el signo de cierre cuando empezamos con el enunciado es imposible.

Siendo así, la utilización de los signos de apertura tanto de interrogación como de exclamación se hace imprescindible para una correcta comprensión e interpretación. No seamos holgazanes y utilicemos, al igual que los signos de cierre de interrogación y exclamación, los de apertura.

Enlace original del texto: http://tonienblanc.com/blog/2012/04/24/los-signos-de-apertura-de-interrogacion-y-exclamacion-existen/

Partes del cuerpo (ejercicio)

Este dibujo tiene un error cuando describe las partes del cuerpo, ¿sabes cuál es?

Partes del cuerpo

Latinoamérica, Hispanoamérica o Iberoamérica, ¿cuál?

El término «América Latina» se usa por primera vez, a mediados del siglo XIX, en la Francia de Napoleón III como «una operación del imperialismo cultural francés ante la evidente decadencia española y la desmembración de su imperio, luego de la independencia de la mayoría de los países hispanoamericanos del primer tercio de siglo».

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No poca confusión, uso incorrecto o escasamente apropiado ha suscitado el empleo de Latinoamérica, Hispanoamérica e Iberoamérica por parte de políticos, dirigentes, intelectuales y la sociedad en general, como sinónimo para nombrar un área de influencia o ámbito geográfico del nuevo continente.

Los conflictos geo-estratégicos, la pugna entre países europeos por figurar en escenarios coloniales emergentes, de indudable interés comercial y cultural, subyace en el acuñado y fortuna de la expresión «América Latina» y su derivada «Latinoamérica», concebida como unarma lingüística para socavar la huella española.

El término «América Latina» se usa por primera vez, a mediados del siglo XIX, en la Francia de Napoleón III como «una operación del imperialismo cultural francés ante la evidente decadencia española y la desmembración de su imperio, luego de la independencia de la mayoría de los países hispanoamericanos del primer tercio de siglo».

Quien así se expresa es el lingüista, humanista y ya fallecido profesor universitario Santiago de los Mozos (1922-2001), a través de una de las numerosas conversaciones transcritas por el escritor Agustín García Simón en el último libro de éste, titulado «Retrato de un hombre libre» (Renacimiento), que presenta hoy en Valladolid.

«Pero como aquí somos los primeros que jaleamos con saña nuestras propias miserias y denostamos sin piedad nuestra historia y nuestra cultura -eso sí, sin conocerlas-, no es de extrañar que la andanada francesa saliera adelante en el siglo pasado y en éste», añade el viejo profesor, autor en 1984 del estudio «La norma castellana del español».

Una andanada francesa

La nueva denominación («América Latina») pretendía, «y al final lo consiguió», arrinconar el concepto de Hispanoamérica con la excusa de «una mayor precisión» en la denominación de aquellos países americanos que, fuera del ámbito anglosajón, hablaban lenguas romances, entre ellas el francés a pesar de que este idioma era allí insignificante en comparación con el español y el portugués.

El filólogo Santiago de los Mozos reflexionó así en una de las numerosas conversaciones, charlas de café que compartió en Valladolid con García Simón -editor y desde 1986 jefe de la unidad de publicaciones de la Junta de Castilla y León- desde mediados de los ochenta hasta 2000, ahora glosadas y anotadas en «Retrato de don Santiago. Memoria de un hombre libre».

La consagración definitiva y posterior hegemonía del término «América Latina» «coincide con los movimientos de liberación marxistas e indigenistas de mediados de siglo (XX), dentro del proceso mundial de descolonización de los países del llamado Tercer Mundo», añadió entonces el lingüista, catedrático de las universidades de Granada y de Valladolid.

El profesor, a lo largo de su trayectoria docente y su faceta como conferenciante, tanto en Venezuela (1954-1964) como en España, nunca usó, «muy poco o nada», la palabra «Latinoamérica» o su variante de «América Latina», al parecerle «menos rigurosa histórica y culturalmente» y porque, aparte su patente francesa, no le gustaba «seguir las consignas de nadie».

Iberoamérica, la «más precisa»

Siempre se decantó por «Hispanoamérica», incluso para referirse al área lusófona de Brasil porque, al menos hasta 1640 -año en que los portugueses se separaron política y administrativamente de sus hermanos peninsulares-, siempre se consideraron españoles.

Como término medio, por otra parte, si se refería a Brasil, también solía apostar por la denominación de «Iberoamérica» como una fórmula todavía«más precisa».

Esos diálogos, según ha dicho a Efe García Simón, «se convirtieron en un ensayo sobre la cultura española y sus demonios, un repaso general a cuestiones candentes y obsesivas» de esa época y de otras, con las reflexiones de quien fue «un sabio de una inteligencia portentosa, un maestro a la antigua, un personaje excepcional que no trascendió por su falta de ambición, y para quien, por encima de todo, la enseñanza era una cosa muy seria».

Tomado de:

http://www.abc.es/cultura/20121219/abci-latinoamerica-hispanoamerica-iberoamerica-201212191312.html

Reglas de la letra «w»

Letra W

La letra w recibe varios nombres: uve doble, ve doble, doble uve, doble ve y doble u (este último es una copia del inglés double u). Debe darse preferencia a la denominación uve doble o doble uve por ser uve el nombre común recomendado para la letra y por ser más natural en español la colocación pospuesta de los adjetivos.

La puede representar dos fonemas diferentes: el labial sonoro, común en palabras como wagnerismo y el fonema que corresponde a en palabras como washingtoniano. La letra se emplea en el caso de palabras de origen germánico. Veamos los siguientes ejemplos: 

  1. Determinados nombres propios de origen visigodo: Wanda, Witiza.
  2. Algunos derivados de nombres propios de origen alemán: wagneriano, weimarés.
  3. Algunas palabras de origen inglés: wattwashingtoniano, whisky.

Como podemos ver, en los dos primeros casos, la llega a representar el fonema labial sonoro. Por otro lado, en las palabras cuyo origen es el inglés, la pronunciación corresponde a la de u. En el caso de aquellas palabras que fueron incorporadas al idioma español, la grafía es reemplazada por simple: vagón, vals, vatio; o por b, como acontece con la palabra bismuto. 

El idioma español actual cuenta con 27 letras, todas ellas con pronuncia femenina (ejemplo: la a, la b, la c…). Antes, el número de letras del alfabeto llegaba a 29, porque los dígrafos ch y ll eran reconocidas como letras únicas (más por cuestiones fonéticas que por otra cosa), pero ese entendimiento fue actualizado. Es decir, los dígrafos mencionados fueron retirados de la lista oficial de letras del alfabeto.

Por otro lado, la y, que antes era conocida como «i griega» (por causa de la influencia de la cultura griega), ahora es denominada «ye». Consecuentemente, la letra i, que antes se llamaba «i latina» (en honor al idioma de los romanos, el latín), ahora se llama simplemente de i. Estos ajustes en los entendimientos llevaron a que la letra b (conocida popularmente como «be alta» o «be larga», sea denominada de «be» y la v (conocida normalmente de «ve baja» o «ve corta») ahora es la «v = uve».

El Diccionario panhispánico de dudas indica:

w. 1. Vigesimosexta letra del abecedario español y vigesimotercera del orden latino internacional. Su nombre es femenino: la uve doble. En América existen otras denominaciones, como ve doble, doble ve y, en México y algunos países de Centroamérica, doble u, por calco del nombre inglés de esta letra (double u). Su plural es, según los casos, uves dobles, ves dobles, dobles ves o dobles úes. Puesto que el nombre recomendado para la letra v es uve, la denominación más recomendable para la letra w es uve doble.

2. Aparece en palabras de origen germánico, principalmente inglesas y alemanas, y en transcripciones al alfabeto latino de palabras procedentes de lenguas orientales. Representa dos sonidos diferentes, según los casos:

a) el sonido bilabial sonoro /b/ ( b). La w se pronuncia como /b/ en determinados nombres propios de origen visigodo: Wamba [bámba], Witiza [bitísa, bitíza]; y en voces de origen alemán o derivadas de nombres propios alemanes: wolframio [bolfrámio], wagneriano [bagneriáno], weimarés [beimarés]. En los nombres propios alemanes puede pronunciarse, como en alemán, con sonido labiodental fricativo, pero lo normal es hacerlo con el sonido bilabial /b/, ya que el sonido labiodental no existe en español: Wagner [bágner o vágner], Weimar [béimar o véimar].

b) el sonido /u/ ( u1). La w se pronuncia como /u/ —o como /gu/, cuando forma diptongo con la vocal siguiente ( u12)— en la mayoría de las palabras de origen inglés que conservan esta letra: waterpolo [guaterpólo], hawaiano [jaguaiáno, haguaiáno], newton [niúton], así como en las transcripciones de voces orientales, muchas de ellas incorporadas al español a través del inglés: Taiwán [taiguán].

3. En muchas palabras incorporadas desde hace tiempo al español, la w etimológica ha sido reemplazada por v: vagón, vals, vatio; en otras, alternan las dos grafías, como en wolframio/volframio, o existen dos variantes, una más próxima a la palabra de origen y otra adaptada, como wellingtonia/velintonia.

Sobre la evolución del fonema «w»

  • El fonema /w/ del latín se transformó en /v/ en las lenguas romances; por esta razón la V dejó de ser apropiada para representar el sonido /w/ de las lenguas germánicas.
  • En neerlandés, W es una aproximante labiodental (salvo las palabras que contienen el diptongo eeuw, que se pronuncia /eːw/), o cualquier otro diptongo que contenga –uw).
  • En alemán, al igual que sucedió en las lenguas romances, el fonema /w/ terminó siendo /v/ (esta es la razón por la cual la W alemana representa tal sonido).
  • En algunas lenguas eslavas que utilizan el alfabeto latino, la letra W tiene el fonema /v/, como en Wojtyła, apellido polaco del Papa Juan Pablo II.

Fuente: Diccionario panhispánico de dudas © 2005
Real Academia Española © Todos los derechos reservados – 
http://lema.rae.es

Vea también: Esa linda letra «W» Evolución de la Letra W

Siga este link para ver otras reglas: https://cse.google.com/cse?cx=005053095451413799011:alg8dd3pluq&q=w

Las sílabas, los diptongos, los triptongos… y el hiato

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La SÍLABA es el sonido vocal simple o modificado por una o más consonantes expresado en una sola emisión de voz. En la composición de algunas sílabas figura más de una vocal, como en el caso de los siguientes ejemplos: precio, peine, siete, apreciáis.

Recordemos que las vocales se dividen en fuertes y débiles. Las fuertes son: a, e y o; y las débiles son: i y u. Así tenemos las palabras “continua” y “continúa”.

Vemos que “continua” tiene tres sílabas y “continúa”, cuatro. ¿Por qué? Porque en la sílaba “nua” se han expresado las dos vocales en una sola emisión de voz, mientras que en “continúa”, se expresan esas vocales separadamente, constituyendo dos sílabas.

Si dividimos en sílabas las palabras “aéreo” y “héroe”. Es decir: “a-é-re-o”, “hé-ro-e”, notamos que las vocales fuertes no pueden combinarse en una solo sílaba. Véanse estos otros ejemplos: “ai-re”, “sie-te”, “ve-o”, “sua-ve”, “po-e-ta”, “hue-co”.

Una vocal fuerte y una débil o viceversa, pueden combinarse y formar una sola sílaba, mientras que dos vocales fuertes no pueden hacerlo.

A la combinación de dos vocales, una fuerte y una débil, una débil y una fuerte o dos débiles, dichas en una sola sílaba, es a lo que se llama un DIPTONGO.

Si combinamos las vocales fuertes con las débiles y las dos débiles, podemos formar el cuadro de los catorce diptongos que hay en el idioma español. Estas son: ai, ei, oi, au, eu, ou, ia, ie, io, ua, ue, uo, iu y ui.

Tenemos las siguientes palabras que podemos separar en sílabas: país, raíz, baúl, salían, púa. Así tenemos: pa-ís, ra-íz, ba-úl, sa-lí-an, pú-a.

En todas ellas está disuelto o destruido el diptongo porque se ha acentuado la vocal débil. Observemos las sílabas de estas palabras: Ca-ma-güey, Pa-ra-guay, a-pre-ciéis, a-pa-ci-guáis. En las sílabas “güei”, “guay”, “ciéis”, “guáis”, concurren tres vocales: una fuerte en medio de dos débiles. A esta combinación se le llama: TRIPTONGO.

Así tenemos algunos triptongos, en español, como: iai, uai, iei y uei.

Para una mejor consideración de este tema, incluyendo el HIATOvea el siguiente vídeo:

Regla de las mayúsculas

Reglas de las mayúsculas

La acentuación gráfica de las letras mayúsculas no es opcional, sino obligatoria, y aplica a cualquier tipo de texto. Las únicas mayúsculas que no se acentúan son las que forman parte de las siglas, si es el caso. Por ejemplo, CIA -sigla que en inglés corresponde a Central Intelligence Agency– no lleva tilde. Aunque el hiato entre la vocal cerrada tónica y la vocal abierta átona exige acentuar la letra «i», en este caso no se acentúa, porque aplicamos una excepción de la regla. (RAE)

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