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La RAE ha llevado a cabo esta reforma a petición de personas anónimas y famosas, así como de diversas organizaciones y asociaciones, a pesar de que las modificaciones sólo se realizan una vez al año, cada mes de diciembre, informaron a Efe fuentes de la institución. En este caso, el cambio tuvo lugar el jueves 8 de marzo, aunque la entidad asegura que no está relacionado con el hecho de que se celebrara el Día de la Mujer Trabajadora (Vea la definición en el DLE clicando aquí o en la imagen).
«Hacía tiempo que el Pleno había aprobado la modificación para esa acepción y no se ha querido esperar nueve meses para incorporarla porque se iba a hacer una revisión de erratas y una aportación de información a la clasificación temática», señalan las fuentes. La quinta acepción de la palabra fácil indicaba ‘dicho especialmente de una mujer: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales’ y ahora aparece ‘dicho de una persona: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales’. La RAE está estudiando también la petición del Círculo Fortuny, asociación que representa a empresas e industrias de alta gama españoles, para que se modifique la acepción de lujo ya que la existente es «negativa» por su identificación con «los ricos». Tomado y adaptado de: https://www.fundeu.es/noticia/la-real-academia-espanola-elimina-la-acepcion-facil-referida-a-la-mujer/
Facsímil de la primera edición de la ortografía española de la Real Academia de la Lengua.
Raphael, el famoso cantante español, se llama en realidad Rafael Martos Sánchez. Tenía 18 años cuando un día acudió a una prueba para ver si lograba grabar un vinilo con la compañía discográfica Philips. Y entonces cambió su vida…
Estaba en la sala de espera, aguardando nervioso su turno para entrar en el estudio, cuando sus ojos se posaron en un cartel publicitario de Philips. Observó el anuncio, lo volvió a observar y tomó una decisión: a partir de ese momento se cambiaría el prosaico nombre Rafael por el mucho más sofisticado de Raphael.
El caso es que superó la prueba, grabó con Philips su primer disco y comenzó ahí su escalada hacia la fama.
Lo que Raphael probablemente no sabía entonces es que, al elegir cambiar la ‘f’ de su nombre por “ph”, en realidad no estaba siendo moderno, sino profundamente anticuado. Por no decir directamente arcaico, absolutamente anacrónico.
Una historia de romanos
Hasta el siglo XIX en la lengua española el sonido “f” no se conseguía sólo con esa letra. Había también una secuencia de dos letras (lo que se conoce en lingüística como dígrafo) que producía exactamente el mismo sonido obstruyente, fricativo labiodental y sordo que la consonante “f”: la grafía “ph”.
Y aunque ambas se pronunciaban de igual modo, “f” y “ph” convivían tan tranquilas en la lengua española.
La historia viene de lejos. Concretamente, de la época de los romanos, quienes adquirieron la costumbre de escribir con “ph” las palabras de origen griego y con ‘f’ las palabras de su lengua materna. Y esa costumbre no sólo se traspasó al castellano, lengua que al fin y al cabo procede del latín, sino que se mantuvo hasta nada menos que 1803.
El cantante español Raphael quizás creyó estar siendo moderno. Estaba siendo anacrónico.
Así, hace dos siglos y medio lo que hoy es fantasía era phantasía. Los faraones del antiguo Egipto eran pharaones. La falange del dedo se escribía phalange. La farmacopea, el arte de preparar los fármacos, aparecía en los manuales u textos como pharmacopea. Los farmacéuticos eran pharmacéuticos, y obviamente atendían a sus clientes no es una farmacia sino en una pharmacia.
Y frases como esta eran en realidad phrases.
En 1753 salían libros con títulos como “Índice de la Philosofia Moral”, de Antonio Codirniú. Y antes aún en 1596, Alonso López Pinciano ya escribía su “Philosofía antigua poética”.
De “ortographia“ a “ortografía“
Pero la prueba definitiva del poder del dígrafo ‘ph’ es que la primera ortografía que publicó en 1741 la Academia de la Lengua Española, a los 28 años de su creación, se titulaba nada menos que “Ortographia Española”.
“La segunda edición de esa manual es de 1754 y ya entonces sí que iba sin ‘ph’, se llamaba “Ortografía de la lengua castellana”, nos cuenta Lola Pons Rodríguez, profesora titular de Lengua Española de la Universidad de Sevilla y autora de “Una lengua muy larga, un libro delicioso que contiene cien historias curiosas sobre el español y donde no falta un capítulo dedicado al dígrafo “ph”.
Fue en esa segunda edición de la “Ortografía de la lengua castellana”, concretamente en su página 63, donde se le asestó la primera puñalada a la grafía “ph”.
“La Ph que tienen algunas voces tomadas del Hebreo, ó del Griego, se debe omitir en Castellano, sustituyéndose en su lugar la F que tiene la misma pronunciación, y es una de las letras propias de nuestra Lengua, á excepción de algunos nombres propios, ó facultativos, en que hay uso común y constante de escribirlos con la Ph de su origen, como Pharaon, Joseph, Pharmacopea”, sentenciaba textualmente la Academia.
La defunción definitiva y final del dígrafo “ph” tuvo lugar 49 años después, en 1804, cuando en la cuarta edición del Diccionario de la Real Academia Española (RAE) se optó por asesinarlo completamente y que fuera sustituido en todos los casos por la letra ‘f’.
Según se justificaba entonces la Real Academia de la lengua Española, el dígrafo ph “se expresa igualmente con la f, por cuyo motivo se han colocado en esta última letra las palabras phalange, phalangio, pharmecútico, pharmacia, phármaco, pharmacopea, pharmacópola, pharmacopólico, pharse y philancia”.
“La decisión que tomó a principios del siglo XIX la RAE fue coherente con otras eliminaciones. Otras grafías dobles como ‘th’, que se empleaba en palabras como teatro, o ‘rh’, que se usaba por ejemplo en al vocablo rheuma, ya habían sido eliminadas a finales del siglo XVIII. Fue el criterio fonético lo que guió esas reformas académicas”, finaliza Lola Pons Rodríguez.
¿Lo sabría Raphael cuando decidió rebautizarse con ese nombre que incluye un dígrafo que no se emplea en la lengua española desde hace 213 años? Eso aún sigue siendo un misterio…
Irene Hernández Velasco Especial para BBC Mundo, HayFestivalQuerétaro@BBCMundo
Por más que Donald Trump se empeñe en decir que México [Méksiko] pagará de su bolsillo el muro que él mismo prometió construir, hay que aconsejarle algo: se pronuncia [Méxiko], con una fricativa velar sorda — cuyo fonema es /x/ —.
Esto puede llevar a confusión, así que conviene explicarlo brevemente: en el Alfabeto Fonético Internacional se representan con el fonema /x/ los sonidos que en castellano escribimos con la letra j ante a, e, i, o, u y con g ante e, i.
Extraído de Quilis (1985).
También podríamos seguir la representación de fonemas que sigue la Real Academia Española para sus obras (DLE, OLE 2010, NGLE), de tal forma que la grafía j se representaría con el fonema /j/, y no con /x/. Aclarado esto, es preciso explicar por qué se escribe México en lugar de Méjico, o Texas en lugar de Tejas.
Según queda recogido en la Ortografía de la lengua española(2010), «hasta principios del siglo XIX, el fonema /j/ podía ser también representado en español por la letra x» (p. 109). Sin embargo, en la octava edición de la Ortografía de la lengua castellana (1815) se decidió eliminar el uso de la letra x como representación del fonema /j/ — o /x/, según el AFI —. De esta manera, solo las letras g (ante e, i) y j (ante todas las vocales) representarían el sonido fricativo velar sordo.
Ahora bien, en la Ortografía de la lengua española (2010) se señala lo siguiente:
[…] Quedan algunos restos del antiguo valor de la x como representante del fonema /j/ en ciertos topónimos y antropónimos que mantienen una grafía arcaica, como México, Oaxaca o Texas […]. No debe olvidarse que la pronunciación correcta que corresponde hoy a la x en todos estos casos es /j/ ([méjiko], [oajáka], [téjas], [jiména], [mejía], etc.) (p. 109).
También es posible adaptar estos topónimos y antropónimos que conservan la x a la ortografía actual, de tal modo que los escribamos así: Méjico, Tejas u Oajaca. Los derivados de estos nombres también pueden escribirse con x o j — mexicano o mejicano, oaxaqueño u oajaqueño o texano y tejano —.
Ahora bien, cabe insistir en que la grafía de estos términos no tiene por qué incidir en su fonética, por más que en inglés digan [méksiko] en lugar de [méjiko] (o [méxiko]).
Con la pronunciación de México como [méksiko] — o para entendernos, como lo pronunciaría un anglohablante — estamos partiendo del plano escrito al plano oral, cuando por lo general es al revés: las lenguas se hablan, tienen una oralidad, y a partir de ahí se pasa al plano escrito — buena prueba de ello es que hay lenguas que no tienen escritura, llamadas lenguas ágrafas.
Debemos distinguir vocales abiertas (a, e, o) y cerradas (i, u).
Diptongo: secuencia de dos vocales que se pronuncian en la misma sílaba. Pueden estar constituidos por las siguientes combinaciones.
Vocal abierta (/a/, /e/, /o/) precedida o seguida de una vocal cerrada átona (/i/, /u/): anciano, pienso, voy, suelo, antiguo, aire, boina…
Dos vocales cerradas distintas: ciudad, lingüística.
Triptongo: secuencia de tres vocales pronunciadas dentro de una misma sílaba. En español tiene que estar formado de la siguiente manera: vocal cerrada -vocal abierta – vocal cerrada (estudiáis, ampliáis).
Hiato: secuencia de dos vocales que se pronuncian en sílabas distintas. Pueden tener las siguientes combinaciones.
Vocal cerrada tónica, seguida o precedida de una vocal abierta: po-dí-a, rí-o, des-ví-e, pú-a, ra-íz, ta-húr, fe-ú-cho.
Dos vocales abiertas: ca-er, a-ho-go, ro-er, te-a-tro.
Dos vocales iguales: al-ba-ha-ca; re-e-le-gir, lo-or.
R.A.E. Ortografía de la lengua española. Madrid. Espasa. 2010. Págs. 197 a 199.
Si el otro día pensaba en esos lectores que también son escritores, hoy lo vuelvo a hacer. Os traigo una serie de errores típicos al escribir un libro que quien más y quien menos ha cometido alguna vez. ¿Estáis de acuerdo con ellos? ¿Pondríais algunos más?
Vamos a enumerarlos:
Los detalles y la excesiva adjetivación es lo que más abunda en muchos textos literarios. ¡Error! Para hacer una lectura agradable, sencilla y amena, debes poner los detalles precisos y no cargar el texto en exceso de ellos. Estos solo consiguen aburrir al lector y que cada vez se sienta más perdido en tu lectura.
No te pones en la piel del lector.Cuando escribimos, debemos hacerlo suponiendo, además de que nos guste a nosotros mismos, que le guste a nuestros lectores. Por ello, antes de empezar, te recomendamos que selecciones el público al que quieres dirigir tu obra (público infantil, juvenil, lectores de novela erótica, apasionados de la historia, mujeres, etc.) y creer en todo momento, si lo que estamos escribiendo le gustaría a ese público seleccionado. Así te asegurarás de que en caso de que lo autopubliques o te lo publiquen, tengas éxito.
No dejes finales abiertos. A veces están bien, pero la verdad es que es realmente “cruel” escribir una novela realmente buena que nos deje expectantes hasta el final para encontrarnos que este es abierto a la imaginación de cada uno. Estos finales no suelen gustar.
Un diálogo mal hecho. Los diálogos entre personajes es de lo que más atormenta a los escritores. Muchos son demasiado ficticios y no tienen nada de naturalidad. Otros, sin embargo, son demasiado simples y no tienen demasiada consecuencia ni efecto en el resto del libro. Cuando hagas un diálogo, dedícale tiempo y léelo tantas veces haga falta antes de continuar tu libro.
Expresiones que estamos hartos de oír. Muchas veces escribimos coletillas o expresiones que todos escuchamos y leemos en uno y otro lado. No las utilices, y si lo haces, que sea rara vez. Suelen cansar al lector.
No escribas un final más que evidente desde la primera página de su lectura. Los finales que se intuyen desde las primeras páginas del libro hacen que el resto sea demasiado aburrido porque no dejas nada a la imaginación del lector, y de estos, por desgracia, abundan…
Podría poner alguno que otro más, pero no voy a ser la típica redactora pedante (los narradores pedantes también suelen ser bastante tediosos de leer) y os dejo con estos seis. ¿Creéis que me equivoco con ellos o, por el contrario, estáis de acuerdo?
Tomado de: Surhone, Lambert M., Mariam T. Tennoe, y Susan F. Henssonow (eds.). 2010. WordPress.com (Betascript Publishing) [Accedido: 29 de marzo de 2017]. Adaptado.